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En San Miguel del Campo, El Sitio, una finca situada en la Sierra de Escalona, es codiciada por un promotor urbanístico sin escrúpulos al que apoya un alcalde deshonesto. Dos concejales de izquierda y Espino, un grupo secreto de acción directa, tratarán de impedir su urbanización.
En La Bisbal de l’Empordà, un bodeguero, exiliado chileno, compra un ordenador en el que le aparecen unas extrañas líneas de texto. Él y sus amigos les seguirán la pista hasta El Sitio.
Pero el principal obstáculo para llevar adelante los planes urbanísticos en esa finca viene de donde menos se lo esperan sus valedores: el arquitecto municipal, que tras las vacaciones de verano se ve incapaz de realizar el informe necesario. Ha conocido a una monitora de deporte aventura, y sus certezas existenciales se están tambaleando peligrosamente. Hasta el punto de poner su vida en riesgo. La joven tendrá que remover su propio pasado para ayudarle.
La lucha constante entre la honestidad y la corrupción casi siempre se salda con la victoria de la segunda.
Escribir El Sitio ha sido un acto de protesta, de rebeldía, de rabia. Tuve la imperiosa necesidad de abrir una ventana para desahogar un grito de impotencia. Y grité sobre las páginas en blanco contra la locura que en los últimos años arrasa nuestra tierra sepultando bajo kilómetros de cemento nuestras costumbres, nuestras raíces, nuestra historia. Grité contra la vorágine depredadora que nos arrincona en un espacio vital cada vez más reducido; que asesta dentelladas de muerte al medio natural que generaciones de antepasados han usado y disfrutado; que esquilma nuestros recursos de suelo, agua y energía. Una locura alimentada por aviesos especuladores amparados por instituciones mudas, ciegas y sordas, o cómplices.
Las páginas en blanco me han acogido, me han serenado, e incluso me han reafirmado en la necesidad de seguir combatiendo contra la barbarie aunque ésta se disfrace de progreso.
Pero El Sitio también es un homenaje a los millones de hombres y mujeres que en cualquier lugar, día a día, dan un poco de sí mismos para que otro mundo sea posible.













