Ruge el aire, brama y truena
en la noche esquiva y remolona
con la música rebelde que ya suena
del rock, en el frente de Escalona.
Pelajes y atavíos variopintos
enlazados por el verde de la Sierra
se entremezclan en la arena del recinto
convertido en trinchera por la Tierra.
¡Escalona! es ya un grito de combate
que se extiende como pólvora encendida
desde las romas cumbres de Rebate
hasta las venas de la gente bien nacida.
Embozados en la capa del poder
despiadado que concentran en sus manos
se esconden temerosos los enanos
escocidos por el Parque que han de ver.
La Hermandad del ladrillo se revuelve
inquieta en sus tronos de hormigón;
poco a poco ante sus ojos se disuelve
Eldorado que acechan con pasión.
Mas la alerta encendida se mantiene
en la batalla permanente por la vida.
El enemigo poderoso no detiene
las trampas con que enfrenta esta partida.
¡No pasarán!, les decimos decididos,
por encima del tesoro tan valioso
que nos prestan los hijos, convencidos
de tenerlo en el futuro, más hermoso.
Recorra el conejo el suelo, audaz,
surque el águila su cielo despejado,
bulla el bosque de vida y de solaz
en un territorio por siempre liberado.












