El título de esta entrada me vino a la cabeza de repente, mientras caminaba por el interior de una vieja trinchera de la Guerra Civil, en la que afortunadamente no tuvo que parapetarse ningún soldado republicano, que fue construida, al tiempo que otras muchas, sobre los cerros que dominan todas las vías de comunicación que llevan a San Miguel, en previsión de un desembarco del ejército nacional en las playas de la vecina Torrevieja.
Y es que iba yo dándole vueltas a lo bien urdidas que tienen las mimbres del tinglado los ricos y, por tanto poderosos, prohombres del sistema para permitirse infringir las leyes e irse de rositas en la mayoría de las ocasiones. Quizás fue el marco histórico de aquella trinchera que recorría sorteando arbustos la que me trajo los ecos del ¡No pasarán! que el Madrid republicano clamó frente a los que no querían que se destejiera su tinglado. Y de esos ecos surgió el ¡Pasaremos!
Porque este domingo, uno de esos ricos hacendados que tienen por costumbre pasarse las leyes por el forro de los mismísimos… nos cerró el paso, con cadena y candado, a un espacio público, las vías pecuarias de la Colada de Escalona y el Camino Real, del que todos somos dueños (este terrateniente moderno va de ilegalidad en ilegalidad; ya en 1986 taló una de las zonas más densas de monte mediterráneo, en La Bojosa, para plantar cítricos. En los últimos años ha sido denunciado en varias ocasiones por roturaciones en terrenos forestales, incluso dentro de un LIC -Lugar de Interés Comunitario, protegido- o en zonas de protección del Parque natural).
Yo participaba, junto a otras 300 personas más, en una marcha festiva y reivindicativa, convocada por la asociación Amigos de Sierra Escalona, para reclamarle a las administraciones públicas competentes que protejan más el paraje del Barranco del Lobo y que incluyan en el Parque Natural de la Sierra de Escalona y Dehesa de Campoamor los terrenos del PAU 21 de Orihuela en el que están destruyendo hectáreas forestales para construir una urbanización de lujo y un campo de golf.
Lo que prometía ser un tranquilo paseo en una soleada mañana de domingo acabó convirtiéndose en una concentración de protesta al encontrarnos el acceso a la vía pecuaria Colada de Escalona, desde la carretera CV-941, cerrado con una puerta metálica y un reluciente candado nuevo.
Los organizadores llamaron a la guardia civil, que se personó en el lugar y se mostró incompetente (los guardias dijeron que no tenían competencias para abrir el candado); lo único que hicieron, además de reprender a los pacíficos ciudadanos por ocupar arcén de la carretera, fue dar aviso a sus compañeros del Seprona (Servicio de Protección de la Naturaleza). Y se presentó un guardia civil del Seprona, que también dijo ser incompetente para abrir el candado, algo que al parecer sólo podía hacer el guardia forestal, que este domingo no estaba de servicio. Todo lo que se pudo hacer fue formalizar una nueva denuncia contra el diestro personaje que se apropia del derecho ajeno.
Es decir, un particular, porque le sale de sus santos coj…, invade un espacio público, coloca una puerta, un candado y prohíbe el paso; acto seguido llega una autoridad pública, que debe velar por los derechos de todos, y no puede reventar un simple candado ilegal colocado en una propiedad pública. Increíble. Esto tiene trampa. ¿Qué pasaría si un particular cerrara con un candado la puerta de acceso a un colegio, al ayuntamiento, a una comisaría o a un centro de salud -espacios públicos todos ellos-. ¿Se limitarían las autoridades a formular una denuncia y esperar varios años a que un juez dictamine que se debe quitar el candado? Seguro que no.
Todos estos inmorales delincuentes de cuello blanco saben que el sistema es su aliado. Suelen tener buenos amigos en el poder y saben, además, que la justicia tiene pocos medios (tan pocos que no les llega ni para unas buenas gafas que alivie la ceguera con que los jueces dictan sentencias, dando palos de ciego que casi nunca alcanzan a los ricos y poderosos) y es lenta; el tiempo juega a su favor. Y los mil vericuetos legales también. Por eso tienen una pléyade de picapleitos a su servicio.
Pero no por encontrarnos con todas esas dificultades y algunas más vamos a cejar en el empeño de recuperar lo que es un derecho de todos. Así lo recoge la Ley 3/1995, de 23 de marzo, de Vías Pecuarias en su artículo 2. Naturaleza jurídica de las vías pecuarias: “Las vías pecuarias son bienes de dominio público de las Comunidades Autónomas y, en consecuencia, inalienables, imprescriptibles e inembargables”. Así que tenga claro el rico hacendado que burla la ley y pretende adueñarse de un lugar de tránsito público que atravesaremos su finca. Que no le quepa duda ni a él ni a sus amigos: ¡Pasaremos!













ya he entrado en tu blog papa. un beso