Leo, y me indigno, en LA AZOTEA, el blog de José González, que IU ha lanzado una campaña de solidaridad con el alcalde de Seseña, Manuel Fuentes, y otros cuatro concejales y exconcejales de IU a los que la jueza del juzgado nº 4 de Illescas les pide una fianza de 133.333 euros por una querella presentada contra ellos por el famoso “Pocero”. Me indigno porque eso no es justo.
A la justicia se la suele representar personalizada en una mujer con los ojos tapados que sostiene una espada en una mano y una balanza, siempre en equilibrio, en la otra. Pues bien, ahí está el error (o el truco). Porque la justicia ni puede ser ciega ni puede mantener la balanza en equilibrio. La justicia debe tener los ojos muy abiertos para ver qué ocurre a su alrededor. Para ver que las personas honestas que en Seseña han denunciado los desmanes del constructor y las corruptelas de sus amigos no tienen un “bolsillo” tan grande como para hacer frente a la desorbitada fianza. Y precisamente por eso, porque viven de su sueldo, la balanza no puede tener lo mismo en el platillo del Pocero que en el del alcalde. Eso es lo injusto: tratar igual a quienes tan desiguales medios tienen.
A no ser que… a no ser que decisiones como la de esta jueza busquen amedrentar a quienes se atrevan a cuestionar el orden de las cosas, a quienes se atrevan a levantar la voz precisamente contra las ilegalidades, corrupciones, injusticias que cometen los poderosos. Y esto de Seseña me recuerda la sentencia de un juzgado de Elche en el caso seguido por la contaminación del río Segura en la Vega Baja, con un sorprendente desenlace: los acusados, empresas y Confederación Hidrográfica del Segura, son absueltos y la acusación popular, representada por los colectivos Ecologistas en Acción y Amigos de los Humedales del Sur de Alicante, que llevan años denunciando la contaminación del río Segura, son los únicos condenados mediante la imposición de costas. De escándalo.
Este tipo de actuaciones ponen en duda, ante los ciudadanos, la credibilidad de la justicia al ver cómo los poderosos salen indemnes de las denuncias y en cambio se asfixia o se condena a quienes no tienen detrás potentes valedores políticos o económicos. Tal vez, solo tal vez, sean “avisos a navegantes”, intentos de acallar a todos aquellos colectivos y personas que en distintos lugares están acudiendo a la justicia para tratar de frenar los abusos urbanísticos y ecológicos que con demasiada frecuencia se cometen en nuestra tierra, y que se lo piensen dos veces antes denunciar estos desmanes porque pueden salir trasquilados.
La justicia debería tener los ojos pero que muy abiertos porque con ellos tapados va dando palos de ciego que siempre reciben los mismos.












