Esta fase avanzada del capitalismo denominada neoliberalismo no ha fracasado. Al contrario, con esta crisis está demostrando su plena validez. Cumple a la perfección el objetivo que persigue. Quienes hablan de fracaso quizás hayan perdido de vista que su razón de ser no es facilitar la vida a la mayoría de las personas atendiendo sus necesidades básicas. Si fuera esa su finalidad podríamos denunciar su fracaso total y absoluto. Pero Su razón de ser no es otra que la obtención del mayor beneficio posible para unos pocos en el menor tiempo posible y a costa de lo que sea. Y en eso triunfa plenamente.
Los grandes capitalistas se lo tienen muy bien montado. Cuando el libre mercado produce abundancia se llenan los bolsillos, las carteras, las cuentas corrientes y la cueva de Alí Babá hasta derramar, dejando unas cuantas sobras para los demás. Cuando el intocable libre mercado se colapsa acuden en busca de los ahorros que todos tenemos depositados en manos del estado y le piden ayuda para socializar las pérdidas y volver a seguir ganando. El engranaje de la maquinaria capitalista es de un diseño impecable. Es cierto que alguno de ellos también cae pero eso son daños colaterales, pérdidas necesarias, ya se cuenta con ello.
Aunque el triunfo más importante y rotundo del capitalismo neoliberal es haber convencido a la mayoría de la sociedad de que su sistema es el único posible. Ha sabido poner a su servicio un poderoso medio como es la televisión, y también al resto de la prensa para crear la opinión que le conviene, para difundir aquello que le favorece y ocultar lo que no le interesa.
Ha sido capaz de crear una farsa de democracia con dos fuerzas políticas que se disputan en lo accesorio el poder político, pero juramentadas en no tocar la superestructura económica y en hacer todo lo posible, con la complicidad necesaria de los medios de comunicación, para reducir a la invisibilidad, o a la ilegalidad, a cualquier otra que apunte en distinta dirección.
El capitalismo -los capitalistas de carne y hueso- triunfa porque se ha adueñado de la palabra libertad y en su nombre hace lo que le da la gana. Y ha hecho creer a muchos que son libres. Libres para elegir dónde vivir al precio que ellos marquen y con hipotecas inacabables, qué comer dentro de lo que puedan pagar, a qué médico ir si les llega el salario, en qué colegio educar a los hijos si tienen suficiente cartera, dónde invertir el dinero que les sobre de los 800 ó 1.000 euros mensuales, qué coche comprar a plazos. Ellos, los que se llevan los beneficios a manos llenas, son los únicos que pueden elegir. A los demás nos quedan las sobras, a no pocos las migajas y a otros tantos los servicios sociales del ayuntamiento.
El capitalismo triunfa porque cumple su objetivo. Y se vuelve agresivo cuando a su alrededor se levantan otras propuestas con objetivos distintos al suyo. Monta en cólera cuando la economía se orienta a satisfacer las necesidades básicas de las personas, cuando el reparto de los beneficios llega a los que menos tienen, cuando los hechos demuestran que hay otros caminos, con dificultades, con errores, con tropiezos, con vaivenes pero que van en dirección contraria.
El capitalismo triunfa porque cumple su objetivo. Y precisamente porque su triunfo es la derrota de la mayoría, aunque esa mayoría todavía no lo perciba, es por lo que hay que combatirlo, abatirlo y sustituirlo por otro sistema cuyo objetivo sea la atención a las necesidades básicas de todas las personas. Llamémosle socialismo, por ejemplo.













Si no somos capaces de poner al descubierto los puntos débiles del sistema y lo presentamos como algo solido y triunfante, tiene poco sentido que al final salgamos con el reclamo del socialismo.
La actual crisis es más profunda de lo que algunos creen, y de hecho lo que ha entrado en crsisi ha sido el capitalismo de la globalización neoliberal. Lo que salga de esta crisis va a depender de muchos factores y de momento nada está prederminado. En todo caso, lo que si que es seguro, que vendrá tras la crisis no será un clon de lo que se nos ha presentado como el capitalismo triunfante de las últimas décadas.
Pues básicamente coincido con tus planteamientos. Lo que es jodido es que la gente ponga dinero público para salvar a los capitalistas más depredadores y no se cuentione si el sistema funciona o no funciona para él.
¿Que necesita la gente para tener conciencia? ¿Y para actuar?
Sea como fuere, creo que son tiempos de oportunidad para el alterpensamiento. ¿No lo crees?
Un saludo
Antoni, creo que durante años numerosas personas y organizaciones han puesto al descubierto, por activa y por pasiva, las trampas del capitalismo. Otra cosa es que esos mensajes, esos análisis, esas constaciones fácilmente ejemplificables no lleguen más allá de círculos reducidos, que no existan en la izquierda poderosos medios de agitación y propaganda -como sí los tiene el capitalismo- para extenderlos entre la población. No creo que el capitalismo sea sólido, por eso mantengo la esperanza, pero sí creo que triunfa al cumplir su objetivo, que no es el que se propaga. Y si hay que cambiar de sistema es precisamente porque el beneficio rápido para unos pocos en el menor tiempo posible a costa de lo que sea va en contra de la satisfacción de las necesidades de todas las personas.
Sí, Leolo, serían buenos tiempos para el pensamiento alternativo si no fuera porque la debilidad de las organizaciones que lo preconizan, vease IU, por ejemplo, que tendría que estar enfrascada en una feroz batalla confrontando alternativas concretas y sólidas en la calle.
¿Qué necesita la gente para darse cuenta? Un imposible: que la izquierda contara con medios de comunicación, agitación y propaganda tan poderosos y contundentes como tiene el enemigo, y, en todo caso, mucha gente en la calle, en las tiendas, en los bares, en las fábricas, en los tajos explicando boca a boca, con octavillas, con periódicos de una hoja en blanco y negro esas alternativas globales junto a esas otras que encajan en los problemas del día a día de la gente. Pues eso, casi un imposible.
[...] Tomás Vicente Martínez también se ocupa de la crisis: en su opinión el capitalismo no ha fracasado y lo razona de la siguiente manera: «Quienes hablan de fracaso quizás hayan perdido de vista [...]