Anoche, quince minutos antes de las once, llegué con la familia y varios amigos a la puerta de la Casa de Cultura del pueblo. Dos miembros del partido, sosteniendo sendas antorchas, franqueaban la entrada bajo un inquietante cartel bélico con la leyenda “el Gran Hermano te vigila”. Un hosco policía del partido nos dio el alto, y con impecables movimientos marciales comprobó meticulosamente que disponíamos de las correspondientes entradas. A mí me cacheó. Nada más entrar, otros dos camaradas, muy amables ellos, volvieron a cerciorarse de que eran correctos nuestros pases, nos dieron una banderita con el emblema de INGSOC y nos dedicaron un “feliz semana del odio, camaradas”.
Accedimos a la sala. Una marcha militar sonaba mientras desde el fondo del escenario un gran ojo, que apenas parpadeaba, nos vigilaba. “La guerra es la paz”, “la esclavitud es la libertad”, “la ignorancia es la fuerza”, eran los lemas escritos en tres grandes carteles que colgaban de las paredes adueñándose del espacio.
Unos minutos después se apagaron las luces, dejó de sonar el himno y Los Impuntuales comenzaron a introducirnos lenta pero inexorablemente en una atmósfera rutinaria, gris, desprovista de matices, que poco a poco fue ascendiendo hasta hacerse opresiva, asfixiante. Nos hicieron sentir el peso de la dictadura hasta tal punto que, cuando las luces volvieron a encenderse tras finalizar su actuación, muchos éramos los que teníamos los ojos vidriosos, húmedos de las lágrimas furtivas ante la crueldad presenciada, ante la impotencia sentida. Un vestuario y un atrezo muy sencillos; una actuación soberbia. Una mujer mayor comentaba: “si yo llego a saber que esto es así, no vengo. Todo eso lo he vivido yo”.
1984 era un fecha lejana cuando George Orwell escribió la novela (1947/1948). Una fecha que para nosotros ha quedado muy atrás. Pero esta trama de política-ficción que se alimentó entonces directamente de las fechorías del nazismo y de las oscuras maquinaciones del estalinismo, hoy, a poco que rebusquemos, encontraremos preocupantes similitudes entre la sociedad orwelliana y la nuestra: la policía del pensamiento, la neolengua, la omnipresencia de un poder que todo lo impregna, los ministerios de la verdad dedicados a reescribir la historia, todo ello, ahora, mucho más sutil bajo el inmejorable paraguas de la democracia y de la libertad pero persiguiendo el mismo objetivo: que nadie piense por sí mismo más allá de las verdades absolutas que crean los poderosos y divulgan sus medios de comunicación de masas. La sumisión.
Las palabras se privan de significado al usarlas para nombrar una cosa y su contraria, la historia se escribe a gusto del poder haciendo visible todo aquello que contribuye a conseguir sus fines de perpetuación, de explotación, de obtención del máximo beneficio, e invisibilizando lo que puede ponerlo en cuestión. Repitiendo siempre la mismas consignas van lavando poco a poco el cerebro hasta que la sociedad ve negro lo que en realidad es blanco. La red Echelon, ese Gran Hermanao, que filtra nuestros correos electrónicos y llamadas telefónicas. O esa terrorífica habitación 101 del Ministerio del Amor en la que se juega con los mayores temores para domesticar a los díscolos: el miedo, tan bien usado siempre por el poder. Y la guerra, eternamente la guerra, una u otra, que más da. Afortunadamente, hoy, Winston Smith y Julia no están solos. Hay esperanza.
Reconozco que Los Impuntuales me han vuelto a sorprender gratamente, a pesar de conocer la trayectoria ascendente de este grupo de jóvenes actores que comenzaron su andadura teatral allá por el año 1996 de la mano de la concejala de EU, Bienvenida Campillo, que desde su responsabilidad municipal al frente de Juventud creó las condiciones y puso los medios para ofrecer alternativas culturales y de ocio. Tras aprender de varios profesores, en los últimos ocho años ha sido María Eugenia Egea, Maru, quien ha guiado sus pasos sobre el escenario y los ha ayudado a convertirse en los logrados personajes que pudimos disfrutar con 1984.













Enhorabuena a Evelyn, Abraham, Miguel y Maru por su trabajo. Sin ellos 1984 no habría sido lo mismo.
Muchas gracias a los padres y al público por ser incondicionales “Impuntuales” y a ti Tomás por tus palabras.
Laura.
Qué visionario Orwell. Me encanta ese autor. Espero que disfrutaras de la obra. Por cierto, hay una película sobre esa misma obra: http://www.filmaffinity.com/es/film716877.html. Por si quieres… “comprarla”, jeje.
Un abrazo, Tomás.
Es una mala noticia que 1984 sea cada día más subversiva.
Gracias Laura. Pero confieso que mis palabras se quedan cortas a la hora de explicar las fuertes emociones que todos los Impuntuales, cada uno en su papel, conseguisteis transmitir a quienes hemos presenciado vuestra soberbia interpretación, que consiguió arrancar no pocas lágrimas, viejos recuerdos e incluso la incontenible protesta en voz alta de alguna espectadora conmocionada por lo que estaba viendo.
Sois grandes. Esperamos ansiosos vuestro próximo regalo. ¡Adelante Impuntuales!
Hola Jesús:
Fue una pasada. Soberbia. Muy dura la interpretación de estos jóvenes. ¡Qué lástima que no salga más allá de este pueblo!
Gracias por la información complementaria. Salud.
Me sumo a la enhorabuena: la atmósfera de la obra estupendísima…Yo veía a la gente remolonear inquietos en sus asientos y estar superexpentantes…Me encantó.
Sé que algunos de “Los Impuntuales” pensaba que al público le iba a costar entrar en la obra, entenderla y disfrutarla, y vísteis que nada de eso ocurrió sino todo lo contrario. Creo que -sin obviar el gran mérito de la directora- conseguísteis llegar mucho y muy bien porque arriesgásteis. Por favor, seguid arriesgando, necesitamos más riesgos de este tipo…
Mi más sincera enhorabuena “Los Impuntuales”
Yo también quiero felicitar a los “impuntuales” no solo han sabido elegir una obra que despierta conciencias. Además consiguieron llegar a lo más íntimo de nosotros, nuestras emociones, pues reconozco que fui uno a los que se le humedecieron los ojos al ver tanta crueldad y sentí ganas de revelarme contra el sistema.
Aquel que Orwell imagino en 1947, o este de 2008 que desgraciadamente tiene tanta similitud con aquel.
GRACIAS POR HACERNOS SENTIR
1984 es un libro que habla de AMOR
1984, es el año en qué naci yó, la gente no sabe nada, y yó mire cada edición de Gran Hermano Argentina.
Gran Hermano es un programa de televisión, (osea es un reality show sacada de la película (novela 1984.)
En argentina, tambien se ve Gran Hermano (es sólo un juego – me refiero al reality show.)
1984, es el año en qué nací yó.
pero nadie no lo ve, los argentinos vamos a mirar siempre el Big Brother Gran Hermano, qué es el ojo y contiene una frase: EL GRAN HERMANO TE VIGILA EN ESPAÑOL – BIG BROTHER IS WATCHING YOU EN INGLES.