Ge, ge. Ge, ge, ge. Ge. Ge, ge. Risa con ge. Y así hasta 20. G-20. Porque, si no fuera por lo dramático de la crisis para muchos trabajadores y para los países empobrecidos del mundo, sería de risa el desenlace de la tan cacareada cumbre de las 20 mayores economías mundiales, cuyos líderes se han reunido este pasado día 15 en Washington, capital del imperio, bajo el amparo del emperador Bush, máximo responsable del desastre.
Allí, lo único que han dejado claro es que su objetivo es el crecimiento económico y la reforma del sistema financiero; que el libre mercado es lo mejor que se ha inventado, y que ellos no tienen culpa de nada. Y han firmado un documento con muchos principios generales y pocas propuestas concretas, de tal manera que cada país deberá apañárselas como pueda para capear el temporal, poner unos cuantos parches y a ver si a la vuelta de un tiempo los más ricos pueden seguir llenándose los bolsillos a costa de todos los demás. Lo importante es el mercado, lo de menos las personas y sus problemas.
De lo que no han hablado es de que ese mismo libre mercado que tanto les apasiona, al mismo tiempo que propiciaba un crecimiento económico sin precedentes, cuyos beneficios han ido a parar a unas pocas manos, ha generado un mayor aumento de la pobreza mundial. No han dedicado una sola línea a los 25.000 seres humanos que cada día mueren de hambre, a los 2.700 millones que tienen que sobrevivir con menos de dos euros al día, a los 114 millones de niños que no pisan una escuela.
En esa cumbre, que debía de ser muy importante vista la extensa cobertura que los medios de comunicación le han dedicado desde semanas antes, los gobernantes G-20, que tienen a su alcance una tropa de expertos en lo que haga falta, han sido incapaces de ofrecer medidas concretas para paliar este desaguisado y evitar que se agrave más todavía y que vuelva a repetirse en el futuro. Y han sido incapaces porque los pirómanos no pueden hacer de bomberos. Si con todo su poderío, sus departamentos varios, agencias de vigilancia y control de todo tipo, inspectores, policías, espías no han sido capaces de descubrir la que se venía encima -llámese derrumbe financiero en EE.UU. o explosión de la burbuja especulativa inmobiliaria en España- es que son unos perfectos inútiles. Y si lo sabían, nos han estado engañando para permitir que los suyos, los del gran capital, se llenaran a manos llenas hasta el forro de la chaqueta.
En esa cumbre, que debía de ser vital para nuestro país visto el amplio despliegue diplomático de nuestro gobierno para conseguir una silla para Zapatero, se ha hablado de crecimiento económico y reforma del sistema financiero pero muy poco o nada de medidas para quienes se han quedado sin trabajo, par quienes no pueden con la hipoteca, para aquellos pequeños y medianos empresarios que ven peligrar su empresa, o para aquellos otros a los que ronda el fantasma del hambre. Se han olvidado de la justicia social, de la deuda externa de los países empobrecidos, del cambio climático y sus devastadores efectos sobre los pobres, de la eficiencia energética o de la sostenibilidad ambiental.
Y es que poco más pueden hacer si lo que pretenden -y es lo que pretenden- es seguir manteniendo lo principal de un sistema -el capitalismo- que ha demostrado que es capaz de generar riqueza pero es incapaz de repartirla con justicia. Un sistema cuyo único objetivo es proporcionar beneficios a unos pocos, lo más rápidamente posible, a costa de la explotación de los trabajadores, de la alienación de los pueblos, del expolio de los países y de la destrucción de la naturaleza.
Es patético analizar los resultados de esta cumbre. ¿Por qué no han acordado la desaparición de los paraísos fiscales, el establecimiento de una tasa sobre el movimiento del capital financiero, la prohibición de la especulación con productos financieros y la nacionalización de la banca? ¿Por qué no han apostado por la economía real frente a la especulativa? ¿Por qué no han acordado llevar ante los tribunales a los responsables directos del terrorismo financiero que ha dejado a millones de trabajadores de todo el mundo en la calle? ¿Por qué no han decidido cancelar la deuda externa de los países empobrecidos? ¿Por qué no han acordado la intervención reguladora del estado sobre el mercado, la creación de un fuerte sector industrial público, la expansión del gasto público en obra pública?
Porque eso sería apuntar hacia un cambio de sistema.
Resulta llamativo en todo esto cómo los grandes medios de comunicación silencian otras voces que hablan de otro modelo. Ya veremos la escasa cobertura, cuando no tendenciosa, que dedicarán a esa otra cumbre de los países miembros de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) y Petrocaribe que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha convocado para finales de noviembre para hablar de cómo enfrentar la crisis que afecta a las personas. Es la gran diferencia.













No han apostado por la economía real, ni por frenar la especulación; ni por desinflar los estómagos de los grandes capitales y los de los niños africanos, inflados ambos por distinta razón, pero por una misma causa. MIserables.
Pero, Tomás, yo te pregunto: ¿Y la izquierda? Dónde está ese mensaje diferente y coherente. Dónde están los teóricos, los planes concretos con números que hagan a la gente confiar en qué otro sistema es posible. Vivimos eternamente en contra, Tomás (yo también), pero ciertamente me planteo mil dudas. ¿Nos atreveríamos con el comunismo?… apostaríamos por un capitalismo regulado, una ¿socialdemocracia?
Sabemos lo que está mal, pero a día de hoy no existe alternativa. ¿La podemos construir? ¿Sabremos construirla?
Un saludo. Me he quedado muy desahogado jeje.
“¿Y la izquierda? Dónde está ese mensaje diferente y coherente. Dónde están los teóricos, los planes concretos con números que hagan a la gente confiar en qué otro sistema es posible. Vivimos eternamente en contra”.
Que curioso, Jesús, son las mismas reflexiones que yo me hago. Te voy a contar dos cosas al respecto:
1. Hace unos años, cuando el colectivo de IU de mi pueblo estaba a pleno rendimiento teníamos una idea bastante clara, global, y coherente de cómo queríamos que fuera la vida local en todos sus aspectos (muchas horas de estudio y debate), y junto a cada crítica que hacíamos al gobierno municipal aportábamos una propuesta concreta de actuación. Y la gente del pueblo nos entendía, al margen de que después nos diese o no su voto, pero reconocían nuestra tarea porque la entendían, incluos aquellos que no la compartían.
Eso mismo, creo yo que hace falta a nivel global: las propuestas concretas, con números y cifras, como bien dices, que puedan ser entendidas por la gente y que vayan a aportar soluciones posibles a sus problemas concretos.
2. Hace un par de semanas estuve en una comida con unos amigos, cada uno de un lado: derecha, centro, centro izquierda, izquierda. Inevitablemente salió el tema de la crisis. Y todos ellos, autónomos, pequeños empresarios, algún funcionario, abordaban el asunto desde los problemas particulares que vivían (que obviamente responden a un marco más general). Las “grandes ideas” les quedaban muy lejos. Y ese es uno de los problemas de la izquierda: habla en un lenguaje lejano. Creo que la teoría hay que tenerla clara para guiar la actuación pero la acción debe ser sobre los concreto, sobre lo que preocupa y a partir de ahí abrir ojos un poco más allá.
Y si la izquierda, los pensadores de este lado, los militantes nos pusiéramos a ello todo sería posible. Cuando menos tener un discuros y una acción coherente, que ya es mucho. Y eso, al menos, genera respeto. Primer paso para ser escuchado. Paso previo para cambiar.