Barbarie, masacre, genocidio, holocausto, exterminio, asesinato, crimen contra la humanidad, terrorismo de estado, podríamos utilizar todas y cada una de las palabras terribles del diccionario y no serían suficientes para nombrar lo que el Estado de Israel, su gobierno, su ejército y un mayoría de su población están haciendo con el pueblo palestino en Gaza.
Cerca de 1.000 personas asesinadas impunemente y casi 4.000 heridos en poco más de dos semanas de brutal agresión contra la población civil son los espeluznantes números que ilustran la ferocidad de los asesinos. Una de cada tres víctimas es un niño. Las pocas imágenes que nos llegan de la abominable guerra que el estado terrorista de Israel ha lanzado contra un pueblo prácticamente desarmado son sobrecogedoras.
Precisamente los judíos, aquellos que sufrieron la humillación, la persecución y el exterminio a manos del nazismo, son hoy, paradojas de la historia, quienes humillan, persiguen y exterminan a otro pueblo: el palestino. La franja de Gaza, gobernada por Hamás, que ganó las elecciones democráticamente, ha sido convertida en el nuevo Ghetto de Varsovia, emulando lo que el gobierno alemán hizo con los judíos de esa ciudad en 1940 al confinarlos en el interior de una zona rodeada por un muro de hormigón, exactamente igual que el gobierno de Israel ha hecho con los palestinos de Gaza: el Ghetto de Gaza.
Y al igual que los verdugos nazis, el estado terrorista de Israel ha sometido durante meses a la población palestina a un férreo bloqueo en el suministro de alimentos, energía y medicinas. Pero no contentos con eso han lanzado su poderosa maquinaria militar en busca de sangre y muertos, sabiendo que la resistencia palestina cuenta con escaso medios para defenderse.
La excusa de la invasión ha sido evitar el lanzamiento de los rudimentarios y escasamente efectivos cohetes que las milicias palestinas lanzan contra territorio israelí en respuesta a sus múltiples agresiones. En realidad, la operación de exterminio emprendida por el estado terrorista de Israel, bautizada como “plomo fundido”, tiene mucho que ver con las cercanas elecciones en el estado judío: cuantos más muertos palestinos más votos para los candidatos del gobierno; tiene que ver con el inminente cambio de gobierno en Estados Unidos, para presionar al nuevo presidente hacia las posiciones radicales sionistas. Y tiene que ver con la aniquilación o debilitamiento de Hamás para eliminar la resistencia palestina y favorecer el triunfo de los sectores más colaboracionistas con Israel en las elecciones para la presidencia de la Autoridad Nacional Palestina.
Eso es lo importante para el ejército agresor, el gobierno que se lo ordena y el pueblo que los apoya; lo de menos es cuántos niños mueran o queden mutilados, cuántas mujeres, cuántos ancianos, cuantos hombres. Por eso les trae sin cuidado bombardear escuelas de Naciones Unidas, atacar ambulancias de la Cruz Roja, dirigir sus misiles contra hospitales, arrasar viviendas con sus ocupantes dentro, utilizar bombas con fósforo blanco o de racimo.
Y lo hacen además porque se sienten impunes, porque se saben apoyados por Estados Unidos y por la Unión Europea. Del imperio, ya se sabe. Pero es patética, vergonzosa e indignante la respuesta de la vieja Europa, tan defensora de los derechos humanos, tan dispuesta a enviar las fuerzas de la OTAN en misiones de “injerencia humanitaria”, con su blanda condena, su comedida diplomacia para dar tiempo a que Israel consiga sus propósitos. Su desprecio por la vida de tantos inocentes. ¿Qué habría pasado si una agresión como ésta la hubiese desencadenado Irán, por ejemplo? La condena de la ONU habría sido inmediata, las sanciones económicas también, los medios de comunicación habrían despotricado hasta la extenuación contra esos árabes terroristas, y sus crímenes, en imágenes, tertulias y programas especiales habrían dado varias veces la vuelta al mundo. Y la maquinaria militar de occidente se habría puesto en marcha al instante.
Robert Fiske, periodista y escritor inglés, corresponsal en Oriente Medio para el periódico británico The Independent, escribía hace unos días: “Esto ya no se parece a uno de esos derramamientos de sangre típicos de Oriente Medio, sino a una atrocidad equiparable a las de guerras balcánicas de la década de 1990. Y, naturalmente, cuando un árabe se agite con furia incontrolada y proyecte su ira ciega e incendiaria contra Occidente, diremos que no tenemos nada que ver con ello. ¿Por qué nos odian?, nos preguntaremos. Pero no digamos que ignoramos la respuesta”.
Sólo un gobierno, un mandatario, Hugo Chávez, ha tenido la dignidad y el coraje de realizar el mínimo gesto que se espera de quiénes apuestas por la fuerza de la razón frente a la razón de la fuerza: expulsar al embajador israelí. Es lo que cabría esperar de un gobierno que se llama socialista, el de Rodríguez Zapatero, en lugar de venderle armas a ese estado radical que practica el terrorismo de estado contra población civil, algunas de cuyas víctimas tal vez lo sean ayudadas por los equipos militares vendidos por España. Y cabría esperar que la Unión Europea rompiera los acuerdos comerciales preferentes con Israel, y que las empresas dejaran de invertir allí, y que los consumidores no compremos absolutamente nada de lo producido en Israel; entre otras cosas, por eso cayo el apartheid en Sudáfrica.
Y una vez más, la dignidad que le falta a los gobiernos la enarbolan los ciudadanos que vuelven a salir a las calles de las ciudades españolas, de las ciudades europeas y del mundo para gritar contra la barbarie de los asesinos y contra la abominable frialdad de sus cómplices. “¿Qué harías tú si esto le pasara a tu hijo?”, preguntaba este domingo una madre palestina en la manifestación de Madrid. Pues eso, preguntémonos qué haríamos nosotros.













[...] Cebrián, Sergio García, Sota, Sputnik, Syriangavroche, Victor Casco, Talín, Tere Marín, Tomás Vicente Martínez, Toni Barberá, Txema Santana, Xabier Pita,محمد [...]
Ahora resulta que el embajador israelí en España anda muy ofendido y enfadado por los comentarios que equiparan el genocidio nazi al pueblo israelí con el genocidio israelí sobre el pueblo palestino.
La “fama” se la gana cada uno con sus actos. Lo que diga la gente siempre está demás y cuando ofende debe ser que con algo de lo que hacemos no estamos del todo tranquilos.
[...] LO DE ISRAEL EN GAZA NO TIENE NOMBRE (haciendo la O con un canuto) [...]
pues solo DIOS SABE LO Q HACE Y BUENO ESTO SCRITO ESTA:”NACION SE LEVANTARA CON NACION Y HABRA GUERRA Y HAMBRE”