No gana uno para sobresaltos. Lo mismo te despiertas con una línea de alta tensión que amenaza la tranquila complejidad de Sierra Escalona que te acuestas con otra autopista al acecho del maltratado territorio de la huerta del bajo Segura. Parece como si alguien –o varios alguien- la tuviesen tomada con esta tierra. Una tierra, la de la Vega Baja, que a lo largo de los siglos se ha mostrado generosa ofreciendo sus frutos, cosecha tras cosecha, a los agricultores que la mimaban.
Pero hace ya más de tres décadas, el río, arteria vital de la Vega Baja, fue objeto de un trato salvaje y el agua que tradicionalmente había surtido el riego del suelo fue disminuyendo en cantidad y calidad. El declive de la huerta, quizás programado, comenzó.
Unos años después llegaría el monocultivo del ladrillo para ahondar la herida que habían abierto los nuevos regadíos succionando la vida que hasta entonces bajaba río abajo. Y entre col y col las infraestructuras. Y cada mandamás quiere hacer la suya, coincidiendo unos y otros en la insostenibilidad de sus propuestas: dos autovías proyectadas por la Generalitat Valenciana (CV-91 y CV-95), el tren de alta velocidad (AVE) Elche – Murcia proyectado por el Ministerio de Fomento, y, ahora, la nueva autopista de peaje Catral – Murcia que prepara también el Ministerio de Fomento”.
Una nueva autopista, de peaje, que afecta brutalmente a espacios de gran valor agrícola, ambiental y cultural, como la huerta tradicional de la Vega Baja, los Saladares de Arneva y su entorno arqueológico, o las Sierras de Hurchillo y del Cristo y su entorno agrícola; que agrava el riesgo de inundación en la huerta tradicional, dificulta la realización de tareas agrícolas y fragmenta e incomunica injustificadamente el territorio, impactando muy negativamente sobre el paisaje afectado y generando problemas de contaminación acústica y atmosférica en el entorno de la nueva autopista.
Ninguno de los cinco trazados propuestos es válido porque no debe ser ese el modelo de transportes a impulsar, un modelo basado en la construcción de nuevas infraestructuras sin detenerse a pensar en el aprovechamiento de las existentes. Porque hay alternativas. La Coordinadora LA VEGA BAJA NO SE VENDE las tiene:
- construir un tercer carril en la actual autovía Alicante-Murcia (A-7) entre Crevillente y Murcia derivando parte del tráfico entre Murcia y Alicante por la autovía que se está construyendo en territorio murciano entre el Reguerón y el puerto de San Pedro, que conecta con la actual autopista de peaje entre Alicante y Cartagena (AP-7), un peaje que debe ser rescatado.
- creación de plataformas de transporte público (tranvía, tren ligero, autobús guiado,..) que disuadan del uso del vehículo privado con el consiguiente beneficio ambiental en la lucha contra el cambio climático derivado de menores emisiones de gases de efecto invernadero.












