
Muro israelí en Palestina
Con un amplio despliegue de medios se celebra el veinte aniversario de la caída del Muro de Berlín, el pesado Telón de Acero que dividió por casi tres décadas a los alemanes de uno y otro lado; y más allá de ellos, también partió el mundo en dos mitades: de un lado, el espejismo triunfante de un sistema, el capitalismo, que promete para todos lo que solo unos pocos pueden alcanzar; del otro, un sueño, un desafío que los gobernantes llevaron al fracaso al abandonar los principios que lo inspiraban.
Cayó un muro que nunca debió levantarse, porque los muros separan a la gente. Y bueno es celebrarlo. Pero tanto los gobiernos que alardean del triunfo como los medios de comunicación que lo jalean pierden legitimidad -llevan veinte años perdiéndola- cuando aceptan sin rubor alguno la existencia de otros tantos muros que siguen separando a la gente. Y esos muros parece que no molestan tanto como aquel otro que siendo de hormigón se convirtió en acero.
Muros sólidos, tangibles, físicos como el tan vergonzoso que con metros de hormigón encierra a los palestinos en su propia tierra. Un muro impuesto por Israel con total impunidad ante el silencio cómplice de muchos de los que ahora celebran la caída de aquel otro.
Como ese otro olvidado que separa a los saharauis de su tierra; kilómetros y kilómetros de muro levantado por Marruecos que se interpone entre los territorios liberados de la República Árabe Saharaui Democrática y los territorios ocupados por el invasor. Y todo ello con la bendición de los gobiernos que hoy celebran la caída del de Berlín, y con el silencio y el olvido de los medios de comunicación que les sirven.
Y el muro que los campeones de la libertad, aquellos que tanto criticaron el Telón de Acero, han levantado en la frontera con México para que la pobreza no atraviese la línea que la separa del sueño americano, exportado al mundo entero como tal, pero prohibido para aquellos que sus mismas políticas arruinan; incluso para los propios norteamericanos, que ni siquiera tienen sistema de salud pública para todos. Los que hoy celebran, callan sobre los otros muros.
Son los mismos que han consentido durante cincuenta años que los EE.UU hayan mantenido en pie ese muro invisible pero real del bloqueo contra Cuba. Son los que cada día mantienen en pie el vergonzoso muro que separa el Norte y el Sur, el muro que cerca a los pobres para que los ricos lo sean cada vez más, el muro de la desigualdad entre hombres y mujeres, ese muro intangible pero que millones de personas sufren en su propia carne a lo largo y ancho de este mundo construido con los ladrillos de la injusticia.
Mucho tienen que celebrar los poderosos y sus medios pero poco los ciudadanos de a pie porque siguen existiendo demasiados muros silenciados.













compañero y el muro que tenemos en melilla y ceuta
Sí, Juan, ese es otro muro de la vergüenza. ¡Es que hay tantos! Y ese lo han levantado muy cerca de nosotros los que se llenan la boca de libertad y de democracia; los mismos que sostienen un sistema injusto que pare tales monstruos.