
Obra de Juan de Dios Fresneda expuesta en El Paseo el Día del Artista
Este otoño rebelde que no se aviene a cumplir con el mandato de las estaciones ha traído demasiado calor, y el color de diversas actividades que han puesto la cultura popular -esa que se construye desde abajo, desde la participación de la gente- en primer plano, y con ello han subrayado, aun sin proponérselo, la oscuridad en que duermen y cobran los responsables municipales. Hemos disfrutado de la toma del Paseo por pintores de nuestro entorno, que engalanaron un domingo con sus obras, de la mano de la Asociación de Vecinos -la de verdad-, siguiendo la larga tradición de trabajo en pro de la cultura del pueblo que viene manteniendo desde su fundación hace ya treinta años.
También hemos asistido al nacimiento de La Rebolica, una asociación cultural que quiere aportar nuevas miradas a este microcosmos local tan dejado de la mano oficial. Han comenzado a buscar cómplices para enredarlos -rebolicarlos que decimos aquí- en la dura tarea de lo mucho que queda por hacer. Una fiesta infantil, un cineforum y la presentación de un libro han sido sus primeras credenciales, en algún caso con el logo del ayuntamiento como colaborador, pero que a la hora señalada, desaparecido, y no en combate.
La Cueva número 4 tiene en estos días abierta una exposición de dibujo y pintura de una niña de nuestro pueblo: Irene Garre Patiño. Ofrece así un espacio en el que hacer visibles a los niños que, como Teruel, también existen. Y en los últimos días de septiembre brindó sus paredes al reconocido pintor torrevejense Vicente Solano, a través de las obras que forman parte de la colección privada de María de los Ángeles Alarcón. La cueva de la pintora Maire kalkowski se ha convertido en un polo de referencia cultural en este universo local con tanto agujero negro. Le ha dado un soplo fresco de vida a la zona de Las Cuevas, ese trozo de historia que desconocen nuestros gobernantes municipales y que dejan languidecer consumidas por el inexorable paso del tiempo y de su olvido.
Seamos suaves y comedidos, porque lo cortés no quita lo valiente. Que el gobierno municipal tiene una política cultural inexistente es algo conocido por todas aquellas personas que alguna vez han mirado un poco más allá del salón de su casa. Se puede hablar de algunos actos aislados, programados por una concejalía de cultura invisible, al albur del ofrecimiento de instituciones que pasaban por aquí, pero no de una verdadera estrategia cultural planificada y sostenida en el tiempo. Tener una política cultural implica trazar unos objetivos a conseguir, dotarse de los medios necesarios y diseñar una serie de actividades que tiendan al cumplimiento de las metas propuestas. ¿Dónde está todo eso? No se ve. Su ausencia es lo que se hace evidente.
Hace falta que el gobierno municipal asuma un compromiso cultural con este pueblo y que se haga presente en esas tareas pendientes que necesitan de su impulso, y que en vano esperan un turno que nunca llega: el estudio de los yacimientos arqueológicos, la recuperación de bienes etnográficos -cenias, aljibes, canteras, el molino-, el museo, la nueva biblioteca, por mencionar algunos ejemplos. Y hace falta, a su vez, que abra un espacio de colaboración con todas aquellas entidades que aportan actividad cultural, sin exclusiones. Una colaboración que debe tener como objetivo conseguir a la larga la invisibilidad de la propia concejalía de Cultura en favor de las organizaciones ciudadanas.
Dijo en cierta ocasión el subcomandante Marcos que la más alta aspiración del Ejército Zapatista era desaparecer. Parafraseándolo diré que soy de la opinión de que el mejor ayuntamiento es el más invisible, la mejor concejalía de cultura la que no se ve, pero no por desidia o abandono sino por proyecto e intención. Creo que cuantas más cosas estén en manos del entramado social, más vivo, diverso y activo será un pueblo. Más se construye desde abajo, más se participa y se decide. Cooperación frente a aislamiento. Colaboración en la realización de la diversidad de propuestas culturales desde un segundo plano, necesario pero discreto. Protagonismo para la sociedad civil organizada. Algo que no se improvisa pero que se puede ir favoreciendo desde el poder municipal para ser menos poder y más cooperativo, aunque sea con logo y presencia.
Sí, ya sé que todo eso está a años luz de la realidad presente, por eso, mientras se acerca el futuro, la cultura se construye desde abajo.












