Esta Nochebuena no lo ha sido tanto para la familia española de Koría, había una silla vacía a la mesa durante la cena familiar, un cubierto intacto a la espera de volver a ser usado, una ausencia tan presente en el corazón que dificultaba sus latidos. Feliz Navidad ha sonado extraño, como un eco lejano en el espacio y en el tiempo que ha costado pronunciar, o que simplemente se ha omitido entre todos aquellos que hemos disfrutado una convivencia cercana con la joven saharaui durante los años que ha pasado entre nosotros.
Porque en estas fechas hace un año que Koría voló a los Campamentos de Refugiados Saharauis de Tinduf, desbordante de ilusión, a visitar a su familia biológica y tras veinte días de agasajos, buenas palabras y deseos de futuro se quedaron con ella de la forma más deleznable, contra su voluntad, sin explicación alguna a la familia española, y la aislaron en mitad de ninguna parte para doblegar su determinación, para domar su rebeldía.
El dolor de su ausencia solo se mitiga por la solidaridad que tanta gente ha demostrado durante los más de once meses que la Comisión por la Libertad de Koría lleva dirigiendo una lucha constante para hacer realidad los deseos de la joven: preservar su salud, acabar sus estudios y ser libre para tomar sus propias decisiones. Su caso ha llegado a los despachos de las más altas instancias del Gobierno Saharaui, en España y en los Campamentos, a todos los grupos políticos españoles, al Congreso de los Diputados, al Ministerio de Asuntos Exteriores, a diputados del Parlamento Europeo, a las páginas de los periódicos, a la televisión, a la radio, a la calle. Su cusa ha inspirado Melankoría, un libro de poemas y dibujos que se ha convertido en un medio eficaz para extender la reivindicación de la libertad y del cumplimiento de los Derechos Humanos también en la persona de Koría.
El último de los actos de este año aciago ha sido protagonizado por la comunidad escolar del IES Los Alcores, el instituto en el que Koría tiene su pupitre esperándola en el aula de segundo de bachillerato para que acabe sus estudios. Por eso el acto llevaba por título “Koría, te esperamos”. Profesorado, alumnado y padres y madres han llenado la Casa de Cultura para recordar que la lucha sigue, que la esperanza está intacta, que la solidaridad continúa siendo ese bálsamo que ayuda a soportar el dolor de la injusticia, esa fuerza arrolladora capaz de combatirla y vencerla. En el instituto, Koría sigue muy presente; sus compañeros de aula ya están donde ella también quería ir: la universidad, pero los que la conocen, alumnado y profesorado, cuentan a los nuevos que van llegando al centro educativo quién es esa joven saharaui, cuál es su situación, la lucha que se mantiene, y se suman a ella. Una lucha que no se detendrá hasta que Koría sea libre para decidir qué hacer con su vida.
En la Nochevieja de hace un año alguien se comió veinticuatro uvas: las doce propias y las doce que Koría le había encargado que tomara en su nombre puesto que ella estaría de viaje. En la próxima Nochevieja esa misma persona tomará otra vez veinticuatro uvas y formulará un único deseo que muchos compartimos: volver a tomar solo doce uvas la próxima vez.













