Paseando por las calles angostas de Polinyà de Xúquer se percibe la tranquilidad de un pueblo que vive sin prisas, que ha sabido acomodarse al tiempo presente sin renunciar a su historia. Llaman la atención los portalones de recia madera que dan acceso a las viviendas, casi todas ellas de dos plantas, algunas conservando todavía el portal de piedra con los rebajes labrados para el paso de las ruedas de los carros. Y no son pocos los edificios de fachada modernistas de la antigua burguesía agraria que aún permanecen en pie en buenas condiciones. Es un pueblo coqueto, acogedor, muy accesible y limpio —desde que la crisis aprieta, la máquina de barrer está en paro, ahora son trabajadores contratados por el ayuntamiento, de una bolsa local de empleo, los que llevan a cabo la tarea de forma manual—. Los huertos de cítricos que lo rodean y el río que lo baña constituyen un paisaje sereno en torno a este pueblo de 2.500 habitantes de la comarca de la Ribera Baixa.
La presentación de Melankoría que ha organizado la Concejalía de Cultura de Polinyà es a la siete de la tarde pero hemos decidido aprovechar la mañana para conocer el pueblo. La primera visita, guiados por Loli y Santiago —ella de Polinyà, él de Albalat de la Ribera—, es al rio Xúquer. El ayuntamiento ha construido una pasarela para salvar la carretera que circunvala el pueblo por el norte, zona de ampliación del casco urbano, junto a la mota del río. Óscar, el alcalde, nos confesará más tarde que la carretera había roto el vínculo histórico que los polinyanenses han tenido con el río y que la pasarela lo ha restablecido de nuevo.
El cauce es ancho y rebosa de agua limpia en la que se zambullen patos y pollas de agua. Transmite serenidad. Un tramo de la margen derecha ha sido acondicionado como zona de paseo y merendero. No nos resistimos a inmortalizarnos en unas fotografías sobre el fondo agradecido de agua y cañaveral.
De vuelta llegamos a La Casota, casa del siglo XVIII sede de la Unión Musical Polinyanense. La planta baja alberga un bar restaurante, sencillo pero acogedor. La planta superior se distribuye entre el salón de ensayo, oficina y aulas. En el patio interior un pequeño escenario preside un espacio compartido por la banda de música para sus ensayos y por las mesas y sillas de los vecinos que cenan bajo las estrellas.
A las puertas de La Casota nos esperan Óscar y los otros seis concejales que integran el equipo de gobierno del ayuntamiento de Polinyà de Xúquer, todos ellos de Esquerra Unida. Han tenido el detalle de comer con nosotros: paella —exquisita, por cierto—, ensalada, agua y litrona al centro; precio muy asequible. Entre las paredes repletas de menciones a la Unión Musical y fotografías de sus actuaciones conversamos con el alcalde y sus ediles sobre la situación de Koría —ya son catorce meses retenida en mitad del desierto saharaui—, de la vulneración de sus derechos más elementales, de su ilusión cercenada de ir a la universidad, del censurable mutismo de las autoridades del Frente Polisario, de los intentos de mediación familiar, de la lucha que llevamos desde la Comisión Koría, de la esperanza en que pronto pueda decidir en libertad.
Pero también conversamos del milagro de tener muchos y buenos servicios, todos ellos públicos, y unas cuentas saneadas. Óscar confirma que eso es fruto de una gestión responsable cuya única guía es atender las necesidades de los ciudadanos. Su principal preocupación es, en estos momentos oscuros, aliviar en lo posible la grave situación de paro que la gestión capitalista de la crisis ha generado también en Polinyà. Una bolsa de trabajadores en paro alimenta las rotaciones en los contratos para atender las diversas tareas que el ayuntamiento va programando. La única sombra que sobrevuela la economía municipal son los impagos de las subvenciones concedidas por la Generalitat Valenciana; no obstante el ayuntamiento, sin deudas, tiene todavía margen de maniobra. Y un detalle revelador: de los siete concejales del equipo de gobierno solo el alcalde cobra del ayuntamiento.

Tras la sobremesa aprovechamos la tarde soleada que nos queda hasta la presentación del libro para conocer el resto del pueblo. Visitamos el antiguo lavadero, destruido en su totalidad por la fatídica pantanada de Tous de 1982 y reconstruido recientemente con bastante fidelidad. Es enorme. Caminamos hasta la zona deportiva: pista de tenis, pista de fútbol 7, tres piscinas de diferente tamaño y profundidad, un campo de césped con área de juegos infantiles y una escuela infantil municipal a punto de ser acabada, pero que no lo está porque la Generalitat Valenciana no paga la subvención concedida para ella. El complejo deportivo se completa con un campo de fútbol y una calle recreada, con balcones incluidos, para jugar pelota valenciana. Y con diversos aparcamientos para bicicletas.
Loli y Santiago nos muestran el Centro de Salud, el Hogar del Pensionista y la hermosa fachada de la iglesia. Me llama poderosamente la atención el sistema de megafonía ubicado en lugares estratégicos del pueblo. En el extremo de sendos mástiles, los megáfonos se encargan de hacer llegar a todos los vecinos los bandos de la alcaldía, las actividades programadas y otras informaciones municipales de interés. Esto se completa con vitrinas colocadas en la fachada de los edificios públicos en las que se clavan los documentos oficiales. Se nota que ayuntamiento y vecinos valoran la necesidad de informar y ser informados.
En nuestro paseo encontramos en dos lugares azulejos colocados en la pared con una marca roja y la leyenda “ Fins aci arribà l’aigua en la pantanà del 20.octubre.82” (Hasta aquí llegó el agua en la pantanada del 20.octubre.82). A mí me habría cubierto el agua por completo aquel octubre de infausto recuerdo. Loli nos cuenta una anécdota muy hermosa de aquellos días: la histórica rivalidad entre los vecinos de Polinyà y Albalat fue ahogada por las aguas del pantano de Tous. Los vecinos de Albalat de la Ribera fueron los primeros en acudir en auxilio de los damnificados, desde entonces sus relaciones son fraternales.
Se acerca la hora, nos dirigimos al centro cultural Ausiàs March. Ocupando parte de la misma manzana se encuentra el edificio del ayuntamiento —el único que ha habido—, la sede de la policía local, correos y el centro cultural. Es Mercé, la concejala de Cultura, la que abre la puerta del centro, no necesita ningún asesor, ninguna persona de confianza, ni siquiera personal municipal para girar una llave y conectar la luz. Al entrar, a la izquierda, una sala de usos múltiples. Mercé nos relata que en Polinyà se llevan a cabo un buen número de actividades culturales, sin mucho gasto, mucha participación y más imaginación. Al frente un salón de actos con escenario amplio, doscientas butacas sobre suelo inclinado, cañón de proyección en el techo desde el que cada fin de semana se proyectan documentales y películas para los niños y jóvenes.
En la planta superior se encuentra la biblioteca, moderna y funcional, en un rincón varios equipos informáticos, sala de reuniones y estudio en grupo, rincón infantil que ahora ocupan varias filas de sillas para acoger la presentación de Melankoría. Mercé abre el acto, los otros seis ediles del equipo de gobierno, incluido el alcalde, asisten al acto. Bienve, la madre de acogida de Koría, hace un breve resumen de la historia de la joven saharaui, su llegada a España en el programa “Vacaciones en Paz”, sus graves problemas de salud, sus esfuerzos en el estudio, sus muchos años “sin papeles”, la lucha de la familia española por conseguirlos, el desamparo familiar que tramitó la Consellería de Bienestar Social para que pudiera ser operada del corazón, el viaje que al fin pudo realizar Koría a los Campamentos de Refugiados Saharauis para ver a su familia biológica, su secuestro, y los catorce meses de lucha ininterrumpida que la Comisión por la Libertad de Koría ha desplegado para conseguir que la joven saharaui decida en libertad qué quiere hacer con su vida.
Yo, por mi parte, desentraño los entresijos de Melankoría, un libro solidario en su gestación y en su objetivo, y de verso en verso, con la complicidad de la audiencia, voy dibujando la estela de Koría que acaba impregnando las conciencias de los asistentes. Entre todos, en Plinyà de Xúquer, hemos alumbrado una pluma más para construir las alas que Koría utilizará para ser libre.
Acabado el acto, el propio alcalde es el quien cierra el edificio, no se le cae ningún anillo, es el último porque es el primero. Charlamos de regreso a nuestro vehículo, y lo emplazamos para que venga a nuestro pueblo a contarnos cómo es posible que los polinyanenses tengan servicio de policía local veinticuatro horas al día con solo seis agentes y los sanmigueleros, con el triple de guardias, no podamos tener cubierto el servicio permanentemente.

















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Muchas gracias por hacernos llegar la situación de Koría y compartirla con nuestros vecinos. Estamos seguros que pronto verà de nuevo la libertad y volverà a San Miguel con vosotros y que volvais con ella a comer paella a la casota, pero esta vez brindaremos con cava! Besos!
MERCÉ.
Gracias Mercé por tus buenos deseos que seguro se cumplirán. Por Koría luchamos cada día. Y ten por seguro que celebraremos con ella y con vosotros su regreso en la entrañable Casota. Un abrazo.