A Antonio Ballester. In Memoriam.
A Charo Rocamora. Con todo el cariño
Ella se quedó con su sombrero
apretado contra el pecho que se asfixia
respirando el veneno del dolor.
Se quedó con su existencia detenida
en el fondo de los ojos empañados
por la inútil voluntad del lacrimal.
Se quedó resquebrajada de impotencia,
sorprendida por la muerte de rebato
alcanzando él su último peldaño.
Se quedó desterrada en un océano
infectado de vacío y soledades,
vapuleada por tormentas de recuerdos.
Ella se quedó con su sombrero
conservando en el fieltro de sus alas
la ternura irrepetible de su amor.
Yo me quedo con su voz,
con el timbre, con el tono,
la armonía y el dulzor,
con el verbo acertado
que despoja al segundero
de su atávica misión.
Yo me quedo con su voz,
con su ritmo y melodía,
con su plática animada,
con su eterna cercanía
que deshace sin esfuerzo
el vacío de las ausencias.
Ella se quedó con su sombrero,
apretado contra el tiempo ya vivido,
contra el tiempo que quedaba por vivir.
Yo me quedo con el timbre,
con el tono, con el verbo
y la dulzura de su voz.












