Presurosa te rondó la muerte
En busca de su trofeo.
Derrotó tus primaveras,
Rebosantes de mañana,
Oscureciendo los días.
Tan solo la piel retiene
los trozos en que está roto
el padre que llora inerme
al que ayer era su hijo
y ahora solo es un muerto.
Derrumbada en una silla,
la madre se muere en vida
sin despegar la mirada
del que ayer era su hijo
y ahora solo es un muerto.
Unos ojos se derraman
en lágrimas enamoradas,
son los ojos de una sombra,
viuda de su futuro,
que atraviesan el cristal
y abrazan con la mirada
al que ayer era su vida
y ahora solo es un muerto.
Prendida de una farola,
en un instante siniestro,
se quedó toda la vida
que quedaba por vivir,
y la muerte en su rapiña
se hizo dueña del cuerpo
del que ayer era tan joven
y ahora solo es un muerto.
Solo se oyen los pasos,
pesados sobre el asfalto,
del silencio que camina
camino del Camposanto
llevando sobre sus hombros
la losa de un cuerpo yerto,
que ayer vibraba de vida
y ahora solo es un muerto.
Toda la pena se agolpa
en ese adiós que es el último.
Todo el dolor se desata
en lágrimas enamoradas,
se mete por los desgarros
de cuerpos por siempre rotos
que ayer tenían una vida
y ahora un tanto de muertos.
Pero la muerte no puede
enterrar toda la vida.
Ni puede la vida toda
desprenderse de la muerte.
Queda vida en los recuerdos,
y en el dolor va la muerte.







Precioso , poema Dº Tomas poniendote en la piel de esos padres rotos por el dolor
El mayor dolor que pueden sentir los padres es la pérdida de un hijo. Imposible ponerse en la piel de quien tanto sufrimiento padece.