Un amanecer de este tórrido agosto que se aleja me desperté de improviso, sobresaltado por un olor siniestramente reconocible que se colaba a través de la ventana abierta. Un escalofrío me zarandeó de pies a cabeza: era humo. Salté de la cama, me calcé las zapatillas a la carrera y subí los escalones de dos en dos hasta la terraza. Espoleado por la ansiedad oteé el horizonte visible y el cielo del escondido tras los edificios buscando indicios del incendio. Afortunadamente no detecté ninguna amenaza sobre la sierra que tan hermosa amanecía a pesar de su sed de meses.
En este verano terrorífico en el que miles de hectáreas forestales se han calcinado pasto de llamas voraces, con varios muertos, viviendas destruidas y centenares de personas damnificadas, reconozco que no se me sentaba la ropa en el cuerpo pensando en nuestros montes tan dejados de la mano del hombre, incapaz de imaginar la desolación de un paisaje en gris (more…)















