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Archive for the ‘Uncategorized’ Category

Hay anécdotas que merecen ser contadas. Obviamente su valor no es un absoluto y, como todo, depende de la importancia que tenga para cada cual. Esta que hoy relato la tiene para mí, puesto que se refiere a mi primera novela: El Sitio.

He contado en alguna ocasión que la escribí porque no era consciente de ello. Me explico. No fue una decisión premeditada al estilo de «bueno voy a sentarme a escribir una novela»; si así lo hubiera hecho, ante tal colosal empresa me habría desanimado por considerarme incapaz de ello. Lo que me impulsó a escribir la primera página fue la necesidad de liberar una frustración: la que nace al comprobar la necedad de la condición humana. Ocurrió a mediados de la década pasada; por aquellos años, yo estaba viviendo muy de cerca la redacción del Plan General de Ordenación Urbana de San Miguel de Salinas y conocía de primera mano las locuras urbanísticas que se habían dibujado en los planos: miles y miles de viviendas, decenas de miles de nuevos habitantes y destrucción del medio natural, todo ello a mayor gloria de un pretendido progreso que solo era la tapadera de negocios de dudosa legitimidad, sin previsión alguna de qué ocurriría en un futuro a medio plazo. Y me preocupaba sobre manera el destino reservado para la maltratada, pero necesaria sierra de Escalona. Por más argumentos que se esgrimieran en contra de la barbarie (eso que después se llamó burbuja urbanística), ninguno de los responsables políticos de los grandes partidos hizo el más mínimo caso. La razón no servía de nada frente al rodillo del «progreso». (más…)

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Este fin de semana pasado he practicado hammocking, o dicho en castellano, me he tumbado en una hamaca colgante entre dos pinos. Dicho así no representa nada extraordinario, pero lo es. Es esta una técnica desarrollada por el científico Rich Blundell, dentro de su proyecto de investigación sobre Cosmosis -desarrollado con una beca de TIDES (Tides Foundation of New York)-, para fundir el conocimiento científico y la tecnología con la creatividad humana desde las experiencias sensoriales y emocionales con la naturaleza en la búsqueda de una mayor integración de las personas con el universo. No, no tiene nada de esotérico, religioso, místico, etc. Allí, tumbado, flotando en un espacio inusual, entre el suelo y el dosel del pinar, he vuelto a recordar una vez más una frase de otro científico, el paleontólogo Stephen Jay Gould, que también apelaba a las emociones como fuerza necesaria para proteger y conservar el medio natural: «Soy consciente de que no podemos ganar la batalla para salvar a las especies y el ambiente sin forjar un vínculo emocional entre nosotros y la naturaleza, puesto que no luchamos por la salvación de algo que no amamos sino que solo apreciamos en cierto sentido abstracto». (más…)

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Hay un diminuto rincón natural que me resulta de lo más coqueto. Un reducido tramo de rambla cubierto de carrizo y de taray en apretada formación, flanqueado en el lado norte por un camino de firme compacto que sirve de transición a una loma donde crece el albardín, unos pocos pinos y algún algarrobo aislado. Caminar por esas decenas de metros es respirar humedad, aun en los días más secos, descubrir pajarillos entre la vegetación, conejos que corren a ocultarse y manchas de salitre que aflora en superficie, donde plantas capaces de soportarlo tapizan el suelo.

Todo muy bucólico.

Una tarde decido observar el hermoso rincón desde el lado sur, por el que nunca he caminado, donde linda con campos de cultivo de hortalizas. El encanto se rompe en los primeros metros: las ramas de un grupo de tres pinos han sido arrancadas del tronco, no cortadas, sino arrancadas como si un brazo se desmembrara del cuerpo de un tirón y jirones de carne quedasen colgando en el punto de unión. Sádica manera de eliminar las ramas que quizá invadían el camino. La naturaleza de las heridas revela el desdén con el que algunos humanos tratan a otros seres vivos.

Una decena de metros más adelante descubro lo que se oculta tras la hermosura de la vegetación de la rambla: un vertedero de plásticos contaminando la pequeña zona húmeda, arrancándole también a ella el encanto que aparenta. Otra muestra de la falta de respeto que algunos humanos muestran con otros seres, con el agua, con la propia tierra.

Pero quizá no todo esté perdido. Esa misma tarde, con el ánimo herido y maldiciendo la condición humana, continúo caminando entre huertos de cítricos ya de vuelta a casa. Al enfilar un camino descubro un pequeño gesto que me devuelve parte de la alegría perdida: una improvisada papelera a la vera del camino. Un bidón de plástico, debidamente recortado, sujeto a un hierro clavado en el suelo, contiene algunas latas. Unas decenas de metros más adelante encuentro otra, y después otra. Yo mismo recojo una botella de plástico que encuentro al lado de un limonero y la deposito en la ingeniosa papelera. Y felicito para mis adentros, porque no lo tengo frente a mí, a quien ha tenido la genial idea. Ojalá cunda el ejemplo, me digo.

Y me viene a la memoria lo que contemplé hace unos meses en una finca plantada de lechugas. Era un domingo por la mañana. Me llamó la atención un remolque cubierto con una lona en mitad de un bancal. Más lejos había otro. Pensaba en qué sentido tenía aquello cuando un hombre detuvo su coche frente a una puerta metálica que daba acceso a la finca. Me acerqué a preguntarle, y muy amablemente resolvió mis dudas, llevándome incluso hasta uno de aquellos almacenes móviles de envasado de lechugas. Se trataba de una plantación ecológica, vendida en origen, destinada al mercado alemán. Todo el proceso tenía lugar en el mismo bancal, hasta donde llegaban los camiones para cargar la mercancía y llevarlos directamente a su destino.

Pero lo que más me sedujo, más allá de que hubiese dos baños portátiles para los trabajadores, estratégicamente colocados, fue el no encontrar ni un solo residuo en todo el bancal. Ni un plástico, ni una botella, ni una lata, nada. Todo esos residuos, propios de almuerzo y comida, estaban recogidos en sendos sacos de basura depositados al comienzo del bancal, cerca del camino, ocultos junto a un margen a la espera del trasporte que había de recogerlos. Al parecer, los compradores alemanes querían que no solo el cultivo fuese ecológico, sino que el entorno se respetara al máximo. ¡Cuánto nos falta todavía!, pensé. Aunque quizá estemos en el camino. La duda: ¿llegaremos a tiempo?

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Presentación del documental “Presas entre dos mundos”. Casa de Cultura de San Miguel de Salinas. Jueves 22 de Junio 2017. Fuente: http://lacronicaindependiente.com

El viento del desierto arrastra la nube de arena que barre las últimas frases de los títulos de crédito. La pantalla queda en negro, la sala en un silencio tan espeso que resulta doloroso oírlo. Se enciende la luz. Y entonces se ve el silencio, agarrado a cada rostro, a cada pared, a cada cortina, nos envuelve a todos y nos ata a nuestros asientos, entra por la boca y la nariz y dificulta la respiración. Y ahoga las palabras. Y empuja las lágrimas. Seis años atrás, ese mismo silencio, profundo, desgarrador, precedió el inicio de aquella primera asamblea en la que salió a la luz el secuestro de Koría Badbad Hafed durante la visita a su familia biológica en los Campamentos de Refugiados Saharauis de Tinduf, en Argelia.

El sonido del Siroco todavía retumba en los oídos. Tardamos en reaccionar. Quienes llenamos la sala acabamos de presenciar con un nudo en la garganta, que no es fácil desanudar, el documental Presas entre dos mundos, un testimonio demoledor sobre el sufrimiento de las mujeres retenidas contra su voluntad por su propia familia con el beneplácito del gobierno saharaui. Producido por el colectivo de familias de acogida con mujeres privadas de libertad, La libertad es su Derecho, y dirigido por la periodista y activista defensora de los Derechos Humanos, Elisa Pavón, el duro documental recoge el testimonio desgarrador, en primera persona, de Sukeina, 25 años, y Jadama, 27 años, dos mujeres que vivieron en el infierno de su presidio de arena más de cinco años, hasta que consiguieron escapar de sus captores. (más…)

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En los meses previos a las últimas elecciones municipales, en una asamblea abierta, más de cuarenta personas, reunidas en la Casa de Cultura bajo el nombre de Ganemos San Miguel, trabajamos un documento titulado «Principios de ética política de los representantes públicos de Ganemos San Miguel». En él se recogían aquellos comportamientos que las concejalas y concejales de la nueva plataforma política en ciernes debían mantener en el ejercicio de sus funciones en el seno de la administración municipal una vez elegidos. Comportamientos que pretendíamos estimular con el ejemplo para que se extendieran al resto de la Corporación. Había entre dichos principios éticos dos que merecen ser destacados por las importancia de los mismos: «Hacer públicas las agendas de los representantes, para hacer visible con quiénes se reúnen y los temas que tratan» y «Rendir cuentas periódicamente de sus actuaciones ante la ciudadanía, mediante instrumentos presenciales y virtuales, asamblearios, democráticos y abiertos a todos». (más…)

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Entrevista sobre SEGURA realizada por Emilio Tomás García, de Taller de Prensa, en el programa literario “El Dinosaurio” de Radio Pinatar.

 

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El pasado viernes conocí en persona a dos personajes de mi novela Segura, dos hermanas, y fue emocionante. Asistía a una reunión con gente preocupada por la gestión del agua en la cuenca del Segura. Como veníamos de distintos lugares y muchos no nos conocíamos, lo primero que hicimos fue una ronda de presentación. No advertí nada cuando habló la primera de ellas, pero cuando le tocó el turno a la segunda y dijo su nombre, añadiendo que era hermana de la otra mujer, supe que eran ellas; aun así, para asegurarme, busqué en el móvil la escena en la que aparecen y lo corroboré:

«—¿Alejo López?

La voz sonó a nuestra espalda. Ambos nos volvimos. Frente a nosotros, dos hermosas muchachas, pelo rubio una, moreno la otra, miraban a Alejo. (más…)

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