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HECHOS CONSUMADOS

cabezo d ela mina

 

—¡Cinco meses! Se dice pronto.

—No me lo puedo creer.

—Como te lo cuento.

—Chica, pa mear y no echar gota.

—Ya te digo. El primer informe de la policía llega en otoño, y firman la paralización en primavera.

—¿Tan difícil es parar una roturación sin permiso que han necesitado tres estaciones?

—Por lo que parece, para este alcalde y sus concejales, sí.

—Claro, se meten en los despachos y luego pasa lo que pasa.

—Pues sí, que los informes de la policía, las denuncias de las asociaciones y las noticias de la prensa han estado cogiendo polvo sobre sus mesas de despacho.

—Mujer, igual ni los leen.

—Pues, chica, saber, saben. Porque estudiados son, al menos los concejales. Y es su obligación, que para eso cobran y no poco.

—¡Vaya atajo de incompetentes!

—De eso, ni hablar. Que competentes sí son, y mucho.

—Pues, chica, contigo no me aclaro.

—Mujer, su trabajo lo hacen muy bien. A la vista está. Y te lo digo en serio.

—No hay quién te entienda.

—Igual si pensaras un poco.

—Ya estamos…

—A ver. ¿Que ha pasado en estos cinco meses?

—¿150 días?

—Que el dueño de la finca ha hecho lo que quería hacer; incluido arrancar pinos del monte.

—Ya.

—¿Lo vas pillando?

—No.

—Y a pesar de informes y denuncias no ha habido paralización hasta que el daño estaba hecho. Y porque ha salido en la prensa que si no…

—No estarás insinuando que…

—Que va, mujer. Líbreme el Señor. Yo solo expongo los hechos. Ahora tu ata cabos.

—Entonces, resulta que para que unos puedan…, los otros no…

—Ahí lo tienes.

—No me lo puedo creer.

—Ya te cuesta, ya.

—¿Me estás reprochando algo?

—¿Tú que crees?

—Lo dices como si yo tuviera algo que ver.

—Pues mira que te lo dije.

—¿Qué me dijiste?

—Que no les echaras la papeleta.

—Mujer, yo no sabía esto.

—Pues no será porque no llevan mili encima.

—Igual es que no han podido parar la cosa antes.

—Ya. Y yo voy y me lo creo. En cinco meses.

—¿Será posible?

—Como te lo cuento.

—Si me pinchan no me sacan ni una gota de sangre.

—Ya. A ti te sacan solo horchata.

—Y que burra que te pones algunas veces.

—¿O sea que la burra soy yo? Y tú, en las próximas, vas y les votas otra vez.

—¡Qué cosas tienes, mujer!

escalona

«Sectorización ecológica de San Miguel de Salinas» fue el primer estudio científico que puso de relieve los valores naturales de Sierra Escalona y Dehesa de Campoamor. Fue redactado en 1989 por dos miembros de la Asociación Naturalista del Sureste (ANSE), con el asesoramiento del departamento de ecología de la Universidad de Murcia. Enseguida se convirtió en un valioso instrumento para defender la protección de la sierra frente a las previsiones especulativas recogidas en la redacción o revisión de los Planes Generales urbanísticos de Orihuela, San Miguel y Pilar de la Horadada. Desde entonces, otros estudios han venido a confirmar y aumentar la gran importancia de este espacio natural tan maltratado. En todo este tiempo, nadie ha sido capaz de cuestionar la clara evidencia científica. Por tanto, la protección, o no, de este enclave ha sido y es una decisión de índole exclusivamente política.

En septiembre de 2006, tras cinco años de movilización ecologista, vecinal y política, el gobierno valenciano del Partido Popular dio inicio al procedimiento de declaración Seguir leyendo »

ES DÍA DE REFLEXIÓN

Hoy es «jornada de reflexión». Quizás sea la más importante, la más determinante de cuantas hemos tenido desde el inicio del periodo democrático. Y tal vez por eso deberíamos hacer honor a su denominación. Hoy debemos reflexionar. Pero no sobre el espectáculo más o menos entretenido o tedioso, según se mire, de los debates excluyentes en las televisiones; no sobre los titulares interesados de los periódicos; ni siquiera sobre las imágenes servidas de los multitudinarios mítines electorales. Al fin y al cabo, todo eso forma parte de la puesta en escena de una campaña que se ha ido desarrollando en los últimos siete años. La reflexión debe servirse de la memoria.

Durante estos últimos años, en los que una crisis provocada por los poderosos ha sido utilizada para arrebatar derechos a la gente, hemos tenido tiempo para lamentarnos, para maldecir, para deprimirnos, para ilusionarnos, para combatir, incluso para soñar. La barra del bar, el mostrador de la tienda, la comida con amigos, el lugar de trabajo, la puerta del cole o el parque infantil han sido espacios en los que hemos desahogado la rabia, la frustración, la indignación o el deseo al ver como un día sí y otro también la casta política y económica vivía como reyes mientras proponía o anunciaba para los de abajo despidos, recortes salariales, subidas de la luz, repago en medicamentos, desatención a los dependientes, abandono de enfermos crónicos, ninguneos a la educación pública, desatención a los parados, asfixia de a la pequeña empresa y a los autónomos, y un rosario más de medidas deshumanizadas. Seguir leyendo »

Quim Monzó escribió “Vida Matrimonial“, un relato que he versionado. En cursiva, texto de Monzó.

A fin de firmar unos documentos, Zgdt y Bst (casados desde hace ocho años) tienen que ir a una ciudad lejana. Llegan a media tarde. Como no podrán resolver el asunto hasta el día siguiente, buscan un hotel donde pasar la noche. Les dan una habitación con dos camas individuales, dos mesillas de noche, una mesa para escribir (hay sobres y papel de carta con el membrete del hotel, en una carpeta), una silla y minibar con un televisor encima. Cenan, pasean por la orilla del río y, cuando vuelven al hotel, cada uno se mete en su cama y coge un libro.

Pocos minutos más tarde oyen que en la habitación de al lado están follando. Los chirridos del somier y el golpeteo del cabezal de la cama contra la pared no dejan lugar a dudas, y los jadeos primero, y los gemidos después, atraviesan el tabique como si fuera de papel. Zgdt y Bst cruzan las miradas de forma instintiva y esbozan una sonrisa forzada; enseguida vuelven a sus lecturas. Zgdt se revuelve incómodo en el lecho, ha pasado la vista varias veces por el mismo párrafo sin leer ni una sola letra. Entre las piernas, su miembro está creciendo. Mira de reojo a Bst y cree verla también inquieta. Tal vez si fuera a su cama…, piensa. Mejor no, se reprime, es muy probable que le diga que está cansada, que el viaje ha sido largo, y él no quiere otra decepción. Al otro lado de la pared, los gemidos aumentan de intensidad, más los de ella, alguno ya es un grito indisimulado. Malditos sean, se dice Zgdt para sus adentros, aunque inmediatamente lo asalta el recuerdo de cuando Bst y él hacían lo mismo. ¿Qué les ha pasado? ¿Cuándo la pasión fue desterrada por la rutina? Sin darse cuenta, la mano, suavemente, comienza a aliviar la presión que siente entre las piernas.

En la otra habitación, los gemidos de ella ya son gritos, y él le anuncia una y otra vez con todas las letras y toda la lujuria lo que le está haciendo. Zgdt mira a Bst, que se ha girado dándole la espalda, y ve como mueve ligeramente una pierna sobre otra. Zgst la tiene tan dura que le duele. La mujer que folla en la habitación contigua deja escapar un grito casi agónico, y el hombre la sigue en un coro de placer. Esa sinfonía impulsa a Zgdt a abandonar su cama para meterse en la de su mujer y tomarla al asalto, como hacían, unas veces él, otras veces ella, cada vez que tenían ocasión cuando eran novios y en los primeros años de casados. Ahora hay silencio en la habitación contigua. Antes de poner los pies en el suelo, Zgdt se detiene: ¿Por qué siempre ha de ser él quien vaya rogándole a Bst un polvo? No, ya está bien, que sea ella la que dé el paso, porque seguro que esta noche, la follada en directo la ha puesto caliente. Zgdt vuelve a taparse, y vuelve a aliviar su miembro. Un instante después, la mujer de la habitación de al lado vuelve a gemir, ahora solo es ella. ¡Por Dios, no es posible, se dice Zgdt, si acaba de correrse! Bst acaba de girarse, se destapa, sale de la cama y le dirige a Zgdt una sonrisa que este no sabe descifrar. Por un instante, Zdgt siente que la entrepierna le va a reventar. Al fin parece que Bst se ha decidido, ya era hora, piensa para sí. Bst, en cambio, se dirige al baño, entra y cierra la puerta. Los gemidos de la mujer van en aumento. Se la está comiendo, concluye Zgdt, que ya no aguanta más, y lo que hasta ahora había sido un meneo de contención se desboca en una masturbación desesperada. En la otra habitación, la mujer estalla en un quejido largo y ronco de éxtasis. Al mismo tiempo, Zgdt cierra los ojos y se derrama con un gemido ahogado. En ese momento se abre la puerta del baño, Zgdt abre los ojos y ve a Bst desnuda, con el pelo suelto, lasciva, muy hermosa, que se dirige hacia él. De pronto Bst se detiene en seco, su expresión se agria, acaba de darse cuenta de la situación, se encamina a su cama y se acuesta dándole la espalda a su marido. Zgdt maldice todo lo habido y por haber. Comienza a escuchar los gemidos apagados de Bst, aunque no alcanza a diferenciar los del llanto de los del placer. En la habitación de al lado es el hombre el que ahora jadea su goce.

SE MARCHÓ EL ÚLTIMO TREN

El pasado lunes, 26 de octubre, en la velada literaria de El Triskel, la poeta Mariángeles Ibernón nos propuso un ejercicio sobre palabras que nacen de una imagen, en una cortísima gestación. A mí me tocó una con un motivo como este, aunque mucho más hermosa:

vias tren

No es la misma, pero las vías de un tren siempre tienen el mismo trazado aunque lleven a lugares distintos. Compuse este poema:

SE MARCHÓ EL ÚLTIMO TREN 

Se marchó el último tren

y yo sigo en la estación.

Todos los he perdido

esperando uno mejor.

Solo me quedan las vías

para que ruede el vacío,

ese hierro que es ausencia,

triste y oscura guía

por donde se me fue la vida

que pude haber perseguido.

Se marchó el último tren

por ser duda, y no atrevido.

LA SENSATEZ DE LA BASURA

Creo que las únicas cosas sensatas que alguna vez he escuchado al alcalde de San Miguel han estado relacionadas con el escabroso asunto de las basuras. En unas recientes declaraciones a una cadena de televisión comarcal dijo dos cosas sensatas: que consultaría a los vecinos y lo que decidiesen se haría, y que si la planta de transferencia cumplía con toda la legalidad europea, española y valenciana no tendría inconveniente en que se instalara en el pueblo.

Sabido es que nuestro alcalde es hombre de oído esponja y lengua suelta. Es de suponer que en los últimos años haya escuchado en repetidas ocasiones el clamor participativo que ha recorrido España, y aunque ni sienta ni sepa que significa eso, como suena bien, lo absorbe y lo replica. La sensatez de las palabras choca con la tozudez de los hechos: ¿Por qué no preguntó a los vecinos sobre la privatización del agua o el cierre de Radio San Miguel, por ejemplo? Por otra parte, le ha llegado claro al oído los padecimientos de los alcaldes de Albatera y Cox, cuyos pueblos se han revelado por el tema de las basuras, y no quiere verse en semejante brete. Seguir leyendo »

indig1306043

El azar de cuna no me hizo nacer en esa pequeña zona del planeta Tierra a la que se denomina Catalunya, sino en otra, da igual qué nombre reciba. Pero sí tengo mucho en común con un trabajador catalán y muy poco con un señorito andaluz. Mucho en común con un obrero vasco y nada con un banquero madrileño. Mucho con una funcionaria gallega y nada con un gran empresario murciano. Por eso no puede ser la misma bandera la que ondea un trabajador que la que enarbola un ricachón. La bandera de los de abajo es la de los Derechos, los de la Declaración Universal; la de los poderosos es la del dólar y la del euro, y ondea en los paraísos fiscales.

Pero las banderas y las naciones, debidamente agitadas, generan adhesiones que unen bajo el mismo color al explotado y al explotador. La confrontación España-Catalunya, o viceversa, es una buena muestra de ello. El legítimo anhelo de soberanía de una parte importante de los hombres y mujeres que viven en esa tierra llamada Catalunya, ha sido hábilmente aprovechada por los burgueses catalanes y españoles para crear dos bandos enfrentados tras los que silenciar la corrupción, los recortes, las privatizaciones. Seguir leyendo »