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El público siguió con mucho interés la presentación de la novela.

Geólogos italianos estudiando los yesos de San Miguel de Salinas

Geólogos italianos estudiando los yesos de San Miguel de Salinas

Este último sábado, al llegar a la altura del canal del Trasvase a las afueras del pueblo, observé a cuatro personas entretenidas en algún tipo de observación sobre los cortes del terreno abiertos a ambos lados del canal. Detuve mi paseo vespertino y traté de saciar la curiosidad que me habían despertado. Vestían pantalones con bolsillos exteriores y calzaban botas de monte. El característico martillo que uno de los más jóvenes portaba me reveló enseguida a qué se dedicaban. Aguardé unos minutos hasta que el hombre que se encontraba más próximo a mí descendió desde la altura a la que había subido para hacer una fotografías y me acerqué a él. ¿Sois geólogos?, le pregunté tras darle las buenas tardes. El hombre, quizá frisando los cincuenta, me confirmó mi sospecha. En un excelente castellano, me dijo que era profesor de la univeridad de Parma (Italia) y que estaban realizando un estudio sobre los yesos de San Miguel debido a la curiosa cristalización en punta de flecha que presentan. Durante unos minutos mantuvimos una interesante conversación sobre el interés geológico de los yesares de este territorio y de la necesidad de su conservación y protección. En su ruta, estos cintíficos italianos, también estudiarían los yesos de Lorca y los que forman el importante karst de Sorbas, en Almería. Seguir leyendo »

5-en-una-carcel-de-arenaKoría Badbad sale de su jaima envuelta en una manta y da unos pasos hacia donde comienza a clarear, allá lejos, sobre el horizonte que delinea la arena del desierto, tan desierto como cada día. Hoy se ha despertado en la madrugada, de improviso, en mitad de un sueño hermoso —esta noche no ha habido pesadillas—. Ha soñado, reviviendo como real, con el sonido del timbre que anuncia el comienzo del recreo en el instituto, donde estudia segundo de bachillerato, ella cerrando el libro y cogiendo el bocadillo de la mochila, bajando por las escaleras, conversando en el patio con sus amigas y con su hermano español. Sabe que en su sueño había más imágenes, entremezcladas, confusas, que no recuerda muy bien, de aquel tiempo feliz que vivió con su familia española, con sus amigos de aquel pueblecito mediterráneo al que llegó con tan solo siete años, en el verano de 2000, más muerta que viva, muy enferma.

Arrebujada en la manta, Koría contempla cómo el día es empujado por un sol que todavía no se deja ver. Al despertar ha sentido una sensación extraña, aunque no es la primera vez. Una especie de tenue alegría interior que hace retroceder la tristeza diaria; una difusa fuerza que alimenta su esperanza cuando cree haberla perdido toda. Es como un eco lejano que le llega de más allá del mar, rumbo norte; como una brisa ligera que percibe distinta al aire espeso que respira cada día en mitad de una nada de arena, aislada del mundo, seis años ya. Y cree entender su significado: allá al otro lado del Estrecho no la han olvidado. Siguen peleando por su libertad. Koría cierra los ojos y deja que el primer rayo de sol la reconforte. Seguir leyendo »

reyes

La celebración de los Reyes Magos me trae cada año a la memoria, invariablemente, el tren de cuerda, con sus vagones y la vía circular, y la pistola del oeste con su cartuchera de plástico que un seis de enero, hace ya muchos años, al levantarme de la cama encontré sobre los zapatos al pie de la chimenea. No tengo otro recuerdo de regalos de niñez en esas fechas, con seguridad que los hubo, pero quizá solo retengo el que más me emocionó, el que mas feliz me hizo. Me viene a la memoria junto al eco lejano, tenue, de esa emoción, de esa felicidad. Incluso cuando perdí la inocencia al descubri el secreto, un poso de magia se quedó adherido a mí. Con el paso del tiempo se fue alimentando de las manos pequeñitas y nerviosas de mi hija rasgando el papel que envolvía el regalo, de sus ojos y boca tan abiertos al descubrir el juguete o el juego, de su risa nerviosa al tenerlo en las manos, de su cara de felicidad al jugar con él. De mi inmensa satisfacción al jugar con ella. Después he vivido las mismas sensaciones con mi hijo. E incluso desde que también ellos cambiaron la inocencia por la verdad, el reflejo de lo que un día fue mágico lo descubro durante un instante en su rostro de mayores cada año al repetirse el ritual. Hoy, en todo su esplendor, revivo aquella lejana ilusión en la expresión nerviosa, sorprendida, feliz de mi nieta mientras se acerca al regalo, rasga la envoltura y descubre, ojos y boca muy abiertos, su mágico contenido. Seguir leyendo »

UN HORNO DE PAN PARA PERÚ

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Un horno de pan, ese ha sido el proyecto solidario elegido mediante votación, clase a clase, por el alumnado del IES Los Alcores de San Miguel de Salinas en el «Alcores Solidario 2016». Cuatro eran los proyectos a considerar, propuestos por los propios destinatarios —el Taller Ocupacional de Niños Especiales «Ángel Mary Valero» de Chiclayo (Perú)—: mesas individuales y sillas para una clase (1 100 soles = 335 €), silla de ruedas y camilla (500 + 300 soles = 270 €), medicamentos para medio año (2 700 soles = 819 €) y un horno de pan (5 500 soles = 1 670 €). El más votado ha sido el de mayor coste, sí, pero quizá también el que mayor inteligencia requería. Lo explicó con claridad meridiana Israel, un alumno de 1º de Secundaria, la voz firme y pausada, en los prolegómenos de la Carrera Solidaria que como cada año celebra el instituto en fechas otoñales. Vino a decir que las medicinas eran importantes, pero que al cabo de seis meses se les acabaría nuestra ayuda, en cambio, con el horno de pan podrían vender el producto y con los beneficios comprar medicinas siempre. El viejo aforismo de dar la caña para pescar en lugar de dar pescado.

Chiclayo es una de las ciudades más grande de Perú; su población ha crecido exponencialmente en las últimas décadas, desde los treinta mil habitantes en 1940 hasta el más de medio millón en la actualidad. Un crecimiento que ha ido creando ensanches sucesivos, unos de manera ordenada, las urbanizaciones, donde vive la gente pudiente; otros, de aluvión, donde se han ido amontonando los más pobres, quienes abandonaron el campo huyendo de la guerrilla, de la miseria, o simplemente emigraron en busca de una vida mejor. En uno de esos «pueblos jóvenes» es donde se ubica este centro tan necesitado de todo. Uno de esos lugares que se repiten en muchos países con riqueza que albergan bolsas de pobreza, y no por azar, claro.

Los Alcores Solidario, uno de los programa de educación en valores que el instituto viene desarrollando desde hace años, trata de acercar al alumnado a la vida real, la que en demasiada ocasiones transcurre oculta, también ocultada, y que, sin embargo, merece ser conocida, comprendida y cambiada. Desde lo local —el caso del Banco de Alimentos— hasta lo internacional —el pasado curso fueron los refugiados saharauis mutilados por minas antipersona—, no solo conocemos los problemas sino también a las víctimas que las sufren, con caras, nombres e historias personales. En esta ocasión, gracias a las nuevas tecnologías y a Mª Dolores, profesora del instituto que lleva cooperando en Perú desde hace veinte años, hemos conocido a alumnos, madres, profesorado del Taller Ocupacional; nos han transmitido sus necesidades, sus deseos, sus tareas, y sabemos a quiénes va dirigida nuestra solidaridad: el horno de pan. El reto no es pequeño, pero la determinación de superarlo está, sin duda, a la altura.

ENTRE OLIVOS, UNA ENCINA

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Oscurece rápido al resguardo de los montes que levantan el paisaje al poniente de la estación de Cabra del Santo Cristo, ya silenciada la vara y recogida la lona, camino de la almazara el tractor con la última cosecha del día, camino del descanso los aceituneros altivos, decidme en el alma: ¿quién, quién levantó los olivos? Solo la luna creciente, que busca hueco entre nubes caprichosas, clarea tenuemente el olivar. Y es al amparo de esa noche que no puede ennegrecer, y es al amparo de viejos y nuevos olivos que se adivinan en la penumbra cuando nos echamos al camino, desafiando al frío, y como una anacrónica partida de bandoleros, dueños de campos y veredas, ponemos rumbo a La Encina. No, no es un cortijo en el que saciar el hambre con las mejores viandas del señorito, en el que apagar la sed con buen vino, en el que colmar el deseo, siempre insaciable, con doncellas o mozas. Nuestro destino es un ser milenario: una portentosa encina que compartió nacimiento con Al-Ándalus. Más de mil doscientos años sintiendo cambiar el mundo a su alrededor. Superviviente afortunada de lo que antaño fue una rica dehesa, ahora vigía impertérrita de olivares y «tierras de pan llevar» en los Llanos de la Estación, junto al cortijo de Las Viñas; señora de la sierra Mágina. Seguir leyendo »