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Posts Tagged ‘Año Nuevo’

Otra noche más, otros día más en que nos hemos brindado deseos de felicidad para el nuevo año que acaba de imponer su calendario. Feliz quizás haya sido la palabra más repetida en estas últimas horas. Los deseos pedidos al filo de las doce campanadas, el sabor de las uvas todavía en la boca, habrán versado para la mayoría de la gente, más allá de disfrutar de una buena salud y un merecido amor, sobre la mejora de las duras condiciones de vida que las decisiones de los poderosos han provocado en estos años de estafa: encontrar trabajo el parado, poder conservar la vivienda el hipotecado, mantener abierto el negocio el comerciante, conseguir beca el estudiante, que pise la cárcel el estafador, que sea condenado el corrupto, y así cada cual con aquello que le escuece.

Deseos seguramente sentidos y ansiados, que de verse cumplidos aportarían alguna de esa felicidad que preconizamos en el inicio de año. Lamentablemente no contamos con lámpara maravillosa alguna para frotar y liberar de su interior a ese genio que, agradecido, nos diga esa frase tan manida de «Tus deseos son órdenes para mí, amo». Así que el deseo puede quedarse tan solo en eso si no va acompañado de la correspondiente acción que haga posible su cumplimiento. Y como el deseo es patrimonio del que desea, ha de ser cada cual el que implemente la correspondiente iniciativa para acercar su consecución.

Pero aunque muchas de esas aspiraciones sean formuladas en el ámbito más íntimo y personal, la acción consecuente para alcanzarlas se ha de sustanciar indefectiblemente en colectividad. Por tanto, los deseos de cambio ante un deterioro galopante de las condiciones de vida de la mayoría social solo se pueden convertir en palpable realidad si confluye una acción conjunta y permanente de todas aquellas personas que sienten ese deseo. De nada sirve desear si no se está dispuesto a actuar.

Y mucho menos instalarse en el conformismo de buscar culpables aquí y allá sin mover un solo dedo para propiciar que las cosas cambien, confiando en que por arte de magia, al despertar una mañana, todo vuelva a ser de color de rosa. O mucho peor, esperar que otros hagan la tarea dura, incómoda, desagradable, a veces peligrosa, de confrontar con los poderosos, que siguen llenando sus alforjas con el sudor, la necesidad y el hambre de los de abajo.

Claro que siempre queda el muro de Facebook, la barra del bar, el mostrador de la tienda o el sillón de casa frente al televisor para desatar nuestra frustración ante tanto deseo incumplido, ante tanta necesidad insatisfecha, ante tanta infelicidad. Siempre queda esa última noche del año en que al filo de la media noche, al son de las mismas campanadas de siempre, con el sabor repetido de las doce uvas, volvamos a formular los mismos deseos por los que no estamos dispuestos a emplear nuestro tiempo, nuestro conocimiento y nuestra acción con otros para conseguirlos.

Al menos nos quedará el recuerdo de las viandas comidas, los vinos y cavas con que brindamos, los bailes con que festejamos, los besos que intercambiamos, lo bien (más…)

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El 22 de diciembre es el Día de la Salud. Para muy pocos es el de la Suerte, porque es una ínfima minoría la que se ve agraciada con la fortuna de un premio de suficiente entidad en el sorteo de Navidad como para “sacar de pobre”, o cuando menos para tapar los muchos agujeros abiertos en la economía familiar. Para el resto de los resignados mortales queda el consuelo del consabido deseo: “Salud que haya”.

El día uno de enero es el Día de la Felicidad. El “Feliz Año Nuevo” debe ser la expresión más repetida en ese día y seguramente la que ostente el primer lugar en el computo del año, aparte, claro, del taco favorito de cada cual. La Felicidad, así a bulto, es el primer deseo que expresamos entre abrazos y besos con los últimos ecos de la duodécima campanada (más…)

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El cambio de año no es más que una ficción, como otras tantas, que construimos para dotarnos de hitos, de referencias en el discurrir de nuestra vida. Lo hemos revestido de fiesta y le hemos atribuido la condición de final y principio. Un principio que recibimos con besos, abrazos y buenos deseos. Nos hacemos propósitos personales para enmendar aquello que erramos a lo largo del año viejo pero que a los pocos días o semanas habremos abandonado porque la rutina se impone otra vez. El “Año Nuevo, vida nueva” pronto es enterrado por esa otra realidad más prosaica que puede resumirse en una acertada expresión que un buen amigo, poco dado a concesiones artificiosas, me regaló la víspera de Reyes cuando le pregunté cómo llevaba el nuevo año: “Año Nuevo… lo mismo de siempre”, me dijo.

Porque, ¿qué diferencia hay del 31 al 1? Salvo que el segundo es festivo, ninguna. Es un día como otro cualquiera, el mundo sigue girando en el mismo sentido y a la misma velocidad, el tiempo cuenta igual de largos los segundos, el sol, lo veamos o no, sigue (más…)

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