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Posts Tagged ‘jubilacion’

Recuerdo haber oído hablar a mis padres en muchas ocasiones del “día de mañana”, siempre refiriéndose a la necesidad de guardar algo de lo poco que había para cuando hiciese falta. Tenían preocupación por el futuro, eran capaces de mirar más allá del día a día y procurar que lo que hubiera de venir —la rotura de algún electrodoméstico, los estudios de los hijos, alguna enfermedad— les cogiera en las mejores condiciones posibles dentro de la precariedad de medios disponibles. No vivían al día por más que estirarlo fuera una tarea sacrificada.

Tengo la convicción de que esa forma de encarar la vida ya no es tenida en cuenta por buena parte de la población. Desde hace unas pocas décadas se ha aprendido a vivir al día y con ello se ha perdido la perspectiva temporal y la capacidad de analizar las consecuencias futuras de las acciones presentes, o de las omisiones. Eso, unido a la anestesia generalizada de vivir durante años aparentemente en el país de Jauja, nos aboca a la situación actual de indolencia ante un hecho tan grave para el futuro de millones de personas como es el retraso en la edad de jubilación y la disminución de la cuantía de las pensiones.

Porque es un daño diferido, un agravio que ocurriendo ahora no se sufrirá hasta dentro de unos años, y como no se siente ya en propia carne parece que no va con nadie. El problema es que cuando llegue el momento de la verdad será demasiado tarde para ponerle remedio, un remedio que es imposible abordar desde la esfera personal, individual. Es la acción colectiva la que única que puede revertir el ataque que los poderosos han lanzado, y ganado por ahora, contra los más vulnerables de la sociedad: las personas mayores.

Es en esa etapa final de la vida cuando más protección deben tener las personas porque es cuando las fuerzas ya van a menos para hacer frente a las necesidades de cada día, y cuando los deterioros físicos, las enfermedades crónicas o sobrevenidas comienzan a pasar una factura cada vez más elevada. Es tras la jubilación cuando todavía deberían de quedar unos años en buenas condiciones para que, después de toda una vida sujetos al horario y las obligaciones de un trabajo, los trabajadores puedan ser dueños de su tiempo y puedan realizar aquello que siempre se deja aparcado para “cuando me jubile”. Pero el tiempo solo no basta. Una pensión digna es necesaria para que digno sea el retiro. Como lo es una sanidad pública y gratuita para quienes muy a su pesar se han de convertir en usuarios frecuentes de la misma.

El enemigo de clase de ha quitado la careta y se ha montado sobre el caballo de Atila para aplastar bajo sus cascos poderosos a los de abajo. Quizás la esperanza de librar una nueva batalla por estos derechos y que pueda ser ganada esté gestándose en las plazas de los pueblos de España.

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El pasado curso fue el último para un buen amigo, maestro comprometido con la escuela, con su alumnado, con su pueblo y su comarca, un sindicalista de los que ejercen a diario entre sus compañeros de tajo sin liberación alguna. Le había llegado la hora de su jubilación. En la fiesta de celebración, como era de esperar en él, no solo hizo balance del camino que la mayoría de los presentes hemos recorrido juntos sino que enunció las tareas pendientes para consolidar el modelo de escuela pública por el que llevamos años trabajando. Nos animó también “en la lucha por la utopía, esa sociedad justa, solidaria y sostenible, es decir, ese otro mundo posible por el que venimos luchando toda nuestra vida, y de eso no me jubilo”. Solo se hizo una concesión a sí mismo: “mi alegría es grande, he podido alcanzar un viejo sueño del proletariado: no tener que trabajar asalariadamente hasta el final”.

Ese sueño es el que compartimos la inmensa mayoría de los trabajadores, ser dueños de nuestro propio tiempo, al menos en los últimos años de vida y cuando todavía quede un cierto margen para el disfrute, para llevar a cabo aquello que nunca pudimos hacer porque las obligaciones laborales nos lo (más…)

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Esta misma mañana, un amigo y compañero de trabajo, afiliado a CCOO desde hace más de dos décadas, tras leer en la prensa los términos generales del acuerdo entre gobierno y las dos mayores centrales sindicales, me ha dicho que quiere afiliarse a mi sindicato, que ha aguantado carretas y carretones desde que comenzó la crisis con la postura de su organización pero que su conciencia ya no admite más; él se afilió a un sindicato reivindicativo, sociopolítico, que defendía en la calle los derechos de los trabajadores, que quería cambiar el sistema por otro más justo. Me decía que se había afiliado al sindicato de Marcelino Camacho, no a esto que hoy se llama de la misma forma pero cuyas prácticas lo sitúan demasiado lejos de sus orígenes, de su historia y de las penurias de la clase trabajadora.

Ante su decisión he apelado a la responsabilidad que como ciudadano tiene con su país y con su organización, una responsabilidad que exige sacrificios a casi todos para que los banqueros puedan mejorar sus beneficios y sus jubilaciones millonarias. Pero claro, él no quiere ser responsable y por eso se viene a uno de esos sindicatos que (más…)

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El Gobierno esconde la verdad cuando habla de la reforma de las pensiones públicas

 

El Gobierno dice que es inevitable aumentar la edad legal de jubilación a los 67 años (aunque lo quiera hacer con flexibilidad)

No es cierto.

España es uno de los países de Europa con una edad “real” de jubilación más alta (63 años y 10 meses) y cercana a la edad legal.

El Gobierno dice que el aumento de la esperanza de vida (habrá más pensionistas en el futuro) hace necesaria la reforma.

No es cierto.

Es verdad que habrá más pensionistas, pero también es verdad que habrá más cotizantes y con cotizaciones más altas. El problema no es demográfico, sino de voluntad política. Se pueden hacer cotizar los contratos que están en la economía sumergida, se puede evitar que las mujeres ganen un 30% menos que los hombres y, por tanto, coticen menos, se puede elevar el salario mínimo (uno de los más bajos de Europa), se puede hacer cotizar las becas (en su mayor parte son contratos laborales encubiertos) se pueden elevar las cotizaciones máximas (la base más alta son 3.198 euros/mes; a partir de ahí ya no se cotiza más).

El Gobierno dice que el gasto en pensiones es muy alto.

No es cierto.

En 2011 gastaremos en pensiones contributivas en torno al 10% del PIB. En 2040, el 14%. Hoy hay ya países como Italia que ya gastan ese 14 %. Francia gasta ya el 12%. Nuestras pensiones medias son de las más bajas de Europa y el número de pensionistas comparado con la población también es de los más reducidos. Incluso en períodos de crisis como el actual y con 4,5 millones de parados, la Seguridad Social tiene superávit y el Fondo de reserva está aumentando hasta alcanzar casi los 70.000 millones de euros.

El Gobierno dice que las medidas que se toman ahora son para consolidar el sistema y garantizar las pensiones del futuro.

No es cierto.

La realidad es que las medidas que se toman tienen por objetivo reducir las pensiones y así lo expresa el Gobierno en el compromiso contenido en el Plan de Austeridad enviado a la Comisión Europea. El aumento de la edad de jubilación significa que todos cobraríamos dos años menos de pensión, con el consiguiente ahorro (que se estima en un 6%) y el aumento de los años de cómputo para determinar el importe de la pensión, de los actuales 15 años a 20 o 25, significa que todos cobraremos pensiones más bajas (entre un 5 y un 10% menos) porque los salarios más antiguos eran más bajos.

El Gobierno dice que defiende el sistema público de pensiones.

No es cierto.

Lo ha entregado a los mercados, que tienen nombre y apellidos. Son los bancos y las compañías de seguros. Se pretende un modelo asistencial, es decir unas pensiones públicas mínimas y el resto con complementos de los seguros privados.

Todo ello parece una mala inocentada de fin de año. Pero no lo es.

Sólo la lucha y la movilización puede impedir que toquen las pensiones imponiendo su reforma dentro de un mes.

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La principal justificación que Zapatero ha dado sobre el cambio de unos ministros por otros, y que los medios afines se han encargado de repetir por activa y por pasiva, es la necesidad de comunicar mejor lo que hace, de hacer entender a los ciudadanos la necesidad de las medidas tomadas. Cree el presidente de gobierno que el rechazo mayoritario a sus medidas antisociales se debe a que no han sabido explicarlas, de ahí la necesidad de colocar a un buen comunicador como portavoz y de anunciar que cada ministro sea también portavoz de sus acciones.

En estos primeros días tras el cambio de caras ya ha conseguido un primer éxito: que se hable de la necesidad de comunicar, de sus perspectivas electorales y de la maldad o bondad del incombustible Rubalcaba y se relegue al olvido periodístico la crisis y los efectos devastadores de sus medidas contra los más débiles de la sociedad.

Me parece a mí que por muy bien que me expliquen que vamos a vivir mejor recortándo sueldo, abaratando y facilitando el despido, jubilándose más tarde y cobrando menos pensión voy a seguir sin entenderlo. Como seguiré sin entender, a pesar de los esfuerzos que pueda hacer Rubalcaba y los demás, que lo mejor para los de abajo es que los de arriba sigan campando a sus anchas sin que el gobierno les meta mano vía impuestos para que paguen su parte proporcional en esta crisis que ellos han provocado.

Me temo que lo que el presidente del gobierno quiere decir es que va a hacer un esfuerzo para manipular las conciencias de la gente para ver si motivan a su electorado y les hacen ver blanco lo que es negro, diciendo que es de izquierdas lo que son políticas de derechas, y conseguir así recortar la brecha electoral que les separa del otro partido más a la derecha. Y es posible que lo consiga. Tengo fresco en la memoria el referéndum sobre la OTAN, por poner un caso. Medios tienen.

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Un indignado lector dejaba esta receta en el comentario a una noticia de un diario on line sobre las provocaciones del gobernador del Banco de España en relación con jubilaciones y pensiones. Y me ha venido a la cabeza al escuchar esta mañana las declaraciones del todavía presidente de la CEOE, el honesto Díaz Ferrán. Porque él, Fernández Ordoñez y cuantos son como ellos se merecen una olla de su propia medicina, esto es, un pico y una pala -lo de las cuatro hostias lo dejamos para el desahogo verbal ante tanta mala leche.

O como ha propuesto Cayo Lara, el Coordinador Federal de IU, 620 euros para cada uno y que se las apañen con el salario mínimo como muchos españolitos de a pie, porque no es de recibo que quienes disfrutan de una privilegiada situación económica, con sueldos astrónómicos -cerca de 200.000 euros anuales el señor gobernador del Banco de España, por ejemplo- que les pagamos entre todos pidan para los demás lo que ellos no van a sufrir. No es de recibo que el jefe de los patronos, que ha hundido empresas y que no ha pagado a sus trabajadores, reclame más trabajo y menos sueldo con la trampa de que es la forma de salir de la crisis cuando lo que sus palabras esconden es el ansia insaciable de beneficios que persiguen él y su banda.

Es una inmoralidad que los que declaran las guerras nunca pisen la trinchera de la primera línea de fuego. Los muertos que los pongan los de abajo. En este caso que cobren menos los trabajadores y que echen más horas para que tipos como Díaz Ferrán sigan llenándose los bolsillos con el sudor ajeno. Cualquier día de éstos a alguno de esos indeseables sociales se le ocurrirá pedir la vuelta de la esclavitud, el derecho de pernada o cualquier otra salvajada que parecía superada.

Así que lo que hay que hacer es aplicarles su receta: que trabajen más y que cobren muchísimo menos. Lo dicho, un pico y una pala. Las cuatro hostias donde mejor se dan es en las urnas, a ellos y a quienes les apoyan.

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Huey Long

Las casualidades, a veces, nos descubren tesoros guardados en el fondo de la historia. Hace unas pocas noches, un amigo y compañero de trabajo dormitaba entre cambios de canales delante del televisor. En uno de ellos le llegaron los ecos apagados de una película; ecos que despertaron su curiosidad, lo que le llevó a acabar de verla y después a buscar información en internet sobre el personaje al que hacía referencia. Al día siguiente me preguntó: “¿Conoces a un tal Huey Long?” “Ni idea”, le dije. Me explicó, entonces, que fue un político norteamericano, miembro del partido demócrata, gobernador del Estado de Louisiana.

La Gran Depresión que siguió al Crack del 29 llevó a Long a tomar medidas de distribución de la riqueza para combatir la pobreza y la delincuencia que la Gran Crisis había ocasionado. Impulsó la construcción de hospitales gratuitos, puentes, carretera, educación pública. Para obtener recursos económicos suficientes creó nuevos impuestos sobre los barriles de petróleo que procesaban las grandes compañías petroleras. Long defendía, asimismo, el gasto federal en obras públicas, educación, pensiones de jubilación y otros programas sociales. Creó el programa Compartamos (más…)

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