Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Literartura’

Tendría yo cinco o seis años cuando mi padre me llevó a cazar gamburrinos. Vivíamos todavía en el campo, alumbrándonos con candil y butano, bebiendo agua del aljibe, haciendo las necesidades fisiológicas en el «jarro de mear», en un bancal o entre las palas, lavando a mano en la pila de piedra, bañándome en un cosiol (cossiol), rodeados de almendros y garroferos, al son de los barrenos en las canteras por el día y de mochuelos y grillos por la noche. Algunos detalles están envueltos en la bruma del tiempo y el olvido, pero recuerdo que la noche era estrellada, quizá finales de primavera o principios de verano.

Me explicó mi padre que los gamburrinos eran unos pájaros que dormían en el palo de la garrucha del aljibe. Me llevó hasta allí y me dijo que aguardara escondido en la esquina, sin hacer ruido para no espantarlos y escuchando con mucha atención para comprobar que seguían allí y no se marchaban, mientras él iba a por un saco, que abriríamos después entre los dos delante de la puerta del aljibe, asustando a los gamburrinos, que al huir caerían dentro del saco. No tengo constancia del tiempo que estuve allí, pues entonces no sabía medirlo y ahora tampoco tiene medida el recuerdo. Lo cierto es que se me hizo larga la espera. Regresó mi padre con una sonrisa y me dijo: «Tontolín, que los gamburrinos no existen».

Me ha traído la anécdota a la memoria la lectura de Matèria de Bretanya, un libro de Carmelina Sánchez Cutillas, escritora, poeta e historiadora, nombrada escritora del año 2020 por la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL). Con la mirada de la niña que fue, recuerda la autora sus vivencias de infancia en Altea, recubriendo de emociones la descripción de la vida cotidiana, que cuenta en valenciano. Unas descripciones que me resultan familiares, pues también me traen el recuerdo de vivencias de niñez. Descubro así en sus páginas a los «gambosins», los imaginarios gamburrinos. Y descubro también al cabo de tantos años que esta es una de las muchas palabras, que con sus modificaciones, ha sobrevivido en el habla coloquial desde los tiempos en que en estas tierras nuestros pentabuelos hablaban valenciano, y que tienen su entrada correspondiente en el diccionario de la AVL.

Me ha alegrado leer y recordar esas palabras que ya no se dicen, que las nuevas generaciones de escuela, televisión e internet ya no conocen en su contexto coloquial. Recuerdo que tuve una vedriola (vidriola) en la que guardaba alguna peseta que otra; que en el verano, a veces, comía chambis (xàmbit) cuando mis padres me traían al pueblo. En los caminos resecos y polvorientos, cuando soplaba el viento levantaba polsaguera (polseguera), después había que espolsar la ropa. Oía a mi padre siular (xiular). Las tomateras se ensofraban (ensofraven). De la gente dotora, siempre pensé que se la comparaba con un doctor por sus muchos conocimientos, y Carmelina y la AVL me descubren que se trata de gente curiosa que se mete en lo que no le importa. En mi niñez no conocía los columpios, sí las agrunsaeras (engrunsadores) que con una madera y una soga fabricaba mi padre y colgaba de la rama gruesa de un garrofero. En la casa de campo no había wáter, así que, en un bancal o en medio de las palas, para cierta tarea había que aponarse (aponar-se).

Sería larga la lista de valencianismos (o catalanismos) que todavía podemos encontrar integrados en el habla de nuestros padres y abuelos, reliquias de un pasado no tan lejano en el que, en la demarcación de Orihuela, los documentos oficiales se redactaban en valenciano y en la calle también se hablaba esa lengua.

Un gozo leer Matèria de Bretanya y recorrer con la mirada perspicaz, valiente y emocionada de la niña Carmelina pasajes de mi infancia en la lengua que forma parte de nuestra cultura y nuestra historia, y que se extiende hasta el presente. También es materia mía, materia nuestra.

Read Full Post »