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Posts Tagged ‘literatura’

Despiertan, nos despiertan,

los almendros otra vez,

del invierno que se nombra;

fieles a la cita inmemorial

del relevo, ahora confuso,

de confusas estaciones;

adelantados del renuevo

de la vida refugiada, aletargada,

que espera en su quietud, silenciosa,

la orden de la luz

para emerger de su espera.

Y entretanto, los almendros

van punteando los días

del color que ha de venir.

Me gusta el paisaje del almendro

en su blanco amanecer,

en su verde vestimenta,

en su desnudo otoñal.

Guardo intacto en el recuerdo

sus tiempos de esplendor,

dueño incontestable

de una extensa geografía;

geografía de mi niñez.

Un paisaje que se pierde,

del que apenas quedan restos,

islas desvaídas, territorio en regresión.

Queda el eco en la memoria,

del vareo, de la cofa, del telón,

de los piojos, de la charla, del vale,

del almuerzo, del botijo y del calor.

Del jornal,

que será estudios, que será pan.

Desde el hueco perforado por el tiempo

en sus troncos rugosos y apenados

vislumbro el ocaso de su gloria,

y aun así me alegran las galas con que visten

de blancura el renuevo de la vida.

Me enamora el paisaje del almendro

en su blanco amanecer;

me subyuga la pasión

de su verde vestimenta;

me sosiega la templanza

de su desnudo otoñal.

Me enamora el paisaje que dibujan,

los almendros.

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Hay anécdotas que merecen ser contadas. Obviamente su valor no es un absoluto y, como todo, depende de la importancia que tenga para cada cual. Esta que hoy relato la tiene para mí, puesto que se refiere a mi primera novela: El Sitio.

He contado en alguna ocasión que la escribí porque no era consciente de ello. Me explico. No fue una decisión premeditada al estilo de «bueno voy a sentarme a escribir una novela»; si así lo hubiera hecho, ante tal colosal empresa me habría desanimado por considerarme incapaz de ello. Lo que me impulsó a escribir la primera página fue la necesidad de liberar una frustración: la que nace al comprobar la necedad de la condición humana. Ocurrió a mediados de la década pasada; por aquellos años, yo estaba viviendo muy de cerca la redacción del Plan General de Ordenación Urbana de San Miguel de Salinas y conocía de primera mano las locuras urbanísticas que se habían dibujado en los planos: miles y miles de viviendas, decenas de miles de nuevos habitantes y destrucción del medio natural, todo ello a mayor gloria de un pretendido progreso que solo era la tapadera de negocios de dudosa legitimidad, sin previsión alguna de qué ocurriría en un futuro a medio plazo. Y me preocupaba sobre manera el destino reservado para la maltratada, pero necesaria sierra de Escalona. Por más argumentos que se esgrimieran en contra de la barbarie (eso que después se llamó burbuja urbanística), ninguno de los responsables políticos de los grandes partidos hizo el más mínimo caso. La razón no servía de nada frente al rodillo del «progreso». (más…)

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Entrevista sobre SEGURA realizada por Emilio Tomás García, de Taller de Prensa, en el programa literario “El Dinosaurio” de Radio Pinatar.

 

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El pasado viernes conocí en persona a dos personajes de mi novela Segura, dos hermanas, y fue emocionante. Asistía a una reunión con gente preocupada por la gestión del agua en la cuenca del Segura. Como veníamos de distintos lugares y muchos no nos conocíamos, lo primero que hicimos fue una ronda de presentación. No advertí nada cuando habló la primera de ellas, pero cuando le tocó el turno a la segunda y dijo su nombre, añadiendo que era hermana de la otra mujer, supe que eran ellas; aun así, para asegurarme, busqué en el móvil la escena en la que aparecen y lo corroboré:

«—¿Alejo López?

La voz sonó a nuestra espalda. Ambos nos volvimos. Frente a nosotros, dos hermosas muchachas, pelo rubio una, moreno la otra, miraban a Alejo. (más…)

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Firma de ejemplares de “Segura” en el Malecón del Soto (Rojales)

Que una lectora de Segura te haga saber que lo único que ha hecho durante el fin de semana es comer, dormir, ir al baño y leer la novela, solo indica una cosa: que atrapa desde la primera página. La lectura de un buen libro de ficción despierta emociones, diversas, como diversos son los lectores, y permanecer enganchado a cada una de las páginas depende de lo estimulante que resulte la historia, y el principal estímulo son las emociones que provoca.

Lo curioso es que esas emociones comiencen a aflorar cuando el manuscrito todavía no es más que una posibilidad. Y eso ha ocurrido con «Segura». Cuando solo era una idea y me entrevistaba con algunos de los protagonistas de aquellos años convulsos en los que las aguas del río bajaban muertas de contaminación y sembraban muerte con su riego, las emociones afloraban ante la posibilidad de que una ficción hablara de aquella parte de su vida, vivida desde la intensidad de una lucha colectiva en defensa de la descontaminación del Segura. (más…)

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