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Posts Tagged ‘Melankoría’

Presentación del documental “Presas entre dos mundos”. Casa de Cultura de San Miguel de Salinas. Jueves 22 de Junio 2017. Fuente: http://lacronicaindependiente.com

El viento del desierto arrastra la nube de arena que barre las últimas frases de los títulos de crédito. La pantalla queda en negro, la sala en un silencio tan espeso que resulta doloroso oírlo. Se enciende la luz. Y entonces se ve el silencio, agarrado a cada rostro, a cada pared, a cada cortina, nos envuelve a todos y nos ata a nuestros asientos, entra por la boca y la nariz y dificulta la respiración. Y ahoga las palabras. Y empuja las lágrimas. Seis años atrás, ese mismo silencio, profundo, desgarrador, precedió el inicio de aquella primera asamblea en la que salió a la luz el secuestro de Koría Badbad Hafed durante la visita a su familia biológica en los Campamentos de Refugiados Saharauis de Tinduf, en Argelia.

El sonido del Siroco todavía retumba en los oídos. Tardamos en reaccionar. Quienes llenamos la sala acabamos de presenciar con un nudo en la garganta, que no es fácil desanudar, el documental Presas entre dos mundos, un testimonio demoledor sobre el sufrimiento de las mujeres retenidas contra su voluntad por su propia familia con el beneplácito del gobierno saharaui. Producido por el colectivo de familias de acogida con mujeres privadas de libertad, La libertad es su Derecho, y dirigido por la periodista y activista defensora de los Derechos Humanos, Elisa Pavón, el duro documental recoge el testimonio desgarrador, en primera persona, de Sukeina, 25 años, y Jadama, 27 años, dos mujeres que vivieron en el infierno de su presidio de arena más de cinco años, hasta que consiguieron escapar de sus captores. (más…)

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Por más que relojes y calendarios se empeñen en establecer marcas, el tiempo no tiene medida. Hay horas que son instantes y minutos inacabables. Un suspiro y la eternidad pueden ser igual de largos en la esfera del reloj. Veinte meses es toda una vida para quien espera sin horizonte una esperanza entre las arenas solitarias e inabarcables. Son mucho más que veinte hojas de dos calendarios para quienes buscan sin descanso una rendija por la que llevar algo de luz a quien sufre la oscuridad en mitad del desierto ilimitado.

Son veinte meses ya los que Koría lleva alejada de la gente con la que vivió diez años hermosos; son veinte meses los que sufre la ausencia del mundo que se construyó entre dos mundos tan cercanos entonces, tan lejanos ahora. Y eso es mucho tiempo por más que el tiempo, para todos, aminore su discurrir en las tierras sin prisa. Tarda en llegar el amanecer con los ojos abiertos y el pensamiento recorriendo su habitación de diez años, la cama recién hecha, los libros de texto ordenados sobre el escritorio, el calendario con las anotaciones de exámenes y la entrega de trabajos, el mp3 (más…)

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Soldado,

tú que dejas el fusil

unos días en el cuartel,

¡mírame!

¿Ves supurar de tristeza

cada poro de mi piel?

Soldado,

yo te digo:

tú que te vas, llévame contigo.

 

Muchacho,

tú que vuelves a tu hogar

a reunirte con los tuyos,

¡mírame!

¿Ves que en mis ojos resecos

no quedan lágrimas ya?

Muchacho,

yo te pido:

tú que te vas, llévame contigo.

 

Viajero,

tú que andas los caminos

que van a cualquier lugar,

¡mírame!

¿Ves que mi boca agrietada

solo grita libertad?

Viajero,

yo te sigo:

tú que te vas, llévame contigo.

 

Viento,

tú que soplas hacia el mar

sin nadie que te detenga,

¡mírame!

¿Ves los grilletes de arena

que no me dejan volar?

Viento,

yo te elijo:

tú que te vas, llévame contigo.

 

Sol,

tú que muestras tu poder

mientras vas surcando el cielo,

¡mírame!

¿Ves que la melfa que visto

en vez de tela es de acero?

Sol,

yo te exijo:

tú que te vas, llévame contigo.

 

Luna,

tú que iluminas la noche

más allá del horizonte,

¡mírame!

¿Ves mis entrañas desechas

en esta cárcel de arena?

Luna,

yo te obligo:

tú que te vas, llévame contigo.

 

Muerte,

tú que rondas cada duna

acechando tu trofeo,

¡mírame!

¿Ves mi corazón enfermo

cómo apaga sus latidos?

Muerte,

yo te maldigo:

tú que te quedas, no me llevarás contigo.

 

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Paseando por las calles angostas de Polinyà de Xúquer se percibe la tranquilidad de un pueblo que vive sin prisas, que ha sabido acomodarse al tiempo presente sin renunciar a su historia. Llaman la atención los portalones de recia madera que dan acceso a las viviendas, casi todas ellas de dos plantas, algunas conservando todavía el portal de piedra con los rebajes labrados para el paso de las ruedas de los carros. Y no son pocos los edificios de fachada modernistas de la antigua burguesía agraria que aún permanecen en pie en buenas condiciones. Es un pueblo coqueto, acogedor, muy accesible y limpio —desde que la crisis aprieta, la máquina de barrer está en paro, ahora son trabajadores contratados por el ayuntamiento, de una bolsa local de empleo, los que llevan a cabo la tarea de forma manual—. Los huertos de cítricos que lo rodean y el río que lo baña constituyen un paisaje sereno en torno a este pueblo de 2.500 habitantes de la comarca de la Ribera Baixa.

La presentación de Melankoría que ha organizado la Concejalía de Cultura de Polinyà es a la siete de la tarde pero hemos decidido aprovechar la mañana para conocer el pueblo. La primera visita, guiados por Loli y Santiago —ella de Polinyà, él de Albalat de la Ribera—, es al rio Xúquer. El ayuntamiento ha construido una pasarela para salvar la carretera que circunvala el pueblo por el norte, zona de ampliación del casco urbano, junto a la mota del río. Óscar, el alcalde, nos confesará más tarde que la carretera había roto el vínculo histórico que los polinyanenses han tenido con el río y que la pasarela lo ha restablecido de nuevo.

El cauce es ancho y rebosa de agua limpia en la que se zambullen patos y pollas de agua. Transmite serenidad. Un tramo de la margen derecha ha sido acondicionado como zona de paseo y merendero. No nos resistimos a inmortalizarnos en unas fotografías sobre el fondo agradecido de agua y cañaveral.

De vuelta llegamos a La Casota, casa del siglo XVIII sede de la Unión Musical Polinyanense. La planta baja alberga un bar restaurante, sencillo pero acogedor. La planta superior se distribuye entre el salón de ensayo, oficina y aulas. En el patio interior (más…)

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