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Posts Tagged ‘memoria histórica’

Una tarde de mediados de agosto, a esa hora en que el sol levanta la veda sobre las calles, salgo a dar un paseo urbano, porque al campestre le queda menos luz de la necesaria. Voy distraído en mis quehaceres mentales y la deriva me lleva a una de esas calles del centro del pueblo, adoquinadas de color, en las que bancos feos, pretendidamente modernos, ponen un toque de mal gusto al escenario urbano.

En uno de eso bancos, sin reposo para la espalda, está sentado un hombre que sobrepasaba los ochenta, haciendo todavía más discordante la presencia del asiento cuya única calidez es la que le ha proporcionado el sol durante el día. Saludo al hombre, un conocido, con un gesto de conveniencia. El hombre me devuelve el saludo alzando la mano. (más…)

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libro-esta-sera-mi-bandera-1Una de las preguntas más frecuentes que me suelen realizar los lectores de Esta será mi bandera es cuánto hay de realidad y cuánto de ficción en la novela. Yo suelo responder contando una anécdota y realizando una reflexión. La anécdota se produjo cuando preparaba la utilería para el rodaje del booktrailer de presentación del libro. Para la primera escena se necesitaba una bolsita de tela, amarilleada por el tiempo, que el protagonista halla en el doble fondo de un viejo cofre y en la que descubrirá un secreto guardado durante décadas.

Tiempo atrás había encontrado en casa de mis padres una bolsita de esas características —de ahí la idea de incluirla en la novela— y me la había traído a mi propia casa. Como no siempre recuerdo donde guardo las cosas de uso no habitual recurrí a mi mujer que, a diferencia mía, siempre sabe donde se guarda todo. Búscame aquella bolsita vieja y amarillenta que me traje de casa de mis padres, le dije. Yo no recuerdo que te trajeras bolsita alguna. Seguro que sí, pero no sé dónde la dejé. Yo no he visto eso nunca. Buscamos por todos los rincones (más…)

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Una novela es de su autor, pero también hay en ella retazos de quienes de una u otra forma han cooperado, consciente o inconscientemente, en todo el proceso que acaba en una obra en manos del lector (o en el fondo de un cajón). Así ha sido también en Esta será mi bandera. El lector no los reconocerá, es lógico, pero ahí queda aquel matrimonio de ancianos que a la sombra de la iglesia de Bejís me contó sus peripecias, él en el frente, ella en la retaguardia, de aquellos días en que la guerra se abatía sobre el pueblo; el guardia que me ayudó a encontrar en Alicante al hijo de un amigo de mi abuelo, al que visité y me habló de las vivencias de su padre en los días en se juzgaba a José Antonio; el militar jubilado que me abrió su casa en Cartagena para localizar unas escenas; los dos jóvenes trabajadores del Archivo Histórico Militar de Ávila que me guiaron entre legajos antiguos hasta encontrar lo que buscaba.

Quedan entre las páginas de la novela las aportaciones de mi hermano en largas discusiones sobre cómo llevar a cabo este asalto, aquella venganza, esa búsqueda; las observaciones del viejo maestro conocedor de las armas; el consejo del abogado sobre herencias que el tiempo anula; las del médico que describe síntomas (más…)

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portada BAJACuando redactaba los últimos capítulos de El Sitio, avizorando ya el final de la novela, comenzó a importunarme una idea difusa pero insistente que se manifestaba por medio de una frase que en contadas ocasiones había escuchado de boca de mi padre: “tu tío, el que mataron en la guerra”, pronunciada cuando había de referirse a su hermano Antonio que perdió la vida en el frente de Castellón en julio de 1938.

La idea fue adquiriendo claridad hasta sugerirme la posibilidad, primero, y crearme la necesidad, después, de llenar de contenido aquella frase que en ocho palabra lo decía todo, y nada. ¿Quién había sido mi tío realmente? Me di cuenta de que no sabía nada de él, salvo su aspecto físico, su fisonomía a través de un vieja fotografía (más…)

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que no se repita la historia

En todos estos años de democracia recuperada jamás se me había pasado tal idea por la cabeza, ni siquiera en estos últimos en que la Memoria Histórica ha ido tomando relevancia en la vida pública, tanto social como política. Sé que es una idea que rema contracorriente progresista, que es políticamente incorrecta desde la mitad del espectro hacia la izquierda, que debería desecharla pero se ha vuelto persistente y me veo en el atrevimiento de exponerla a la luz del debate para exorcizarla como demonio o retenerla como otra de tantas en algún rincón para el olvido.

Fue como una revelación, un instante de lucidez, tal vez de luz azulada y oscura, cuando contemplaba la fachada de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción o de Sta. María (S.XVI) en Letur, pueblo de la provincia de Albacete que merece ser visitado aunque solo sea para pasear (más…)

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Ya era hora de que los persistentes esfuerzos llevados a cabo por las Asociaciones para la Recuperación de la Memoria Histórica y miles de ciudadanos de los más diversos rincones de la geografía española obtuvieran alguna recompensa. El juez Baltasar Garzón se ha declarado competente para investigar las desapariciones de víctimas del franquismo en un auto dictado ayer mismo. Ha tenido que ser, una vez más, el juez Garzón el que agarre por los cuernos el toro de la impunidad que “ha sido la regla frente a unos acontecimientos que podrían revestir la calificación jurídica de crimen contra la humanidad”.

Hasta ahora, el genocidio cometido por los traidores al gobierno legítimo de la República  había permanecido alejado de las togas sin posibilidad de ser investigado penalmente. Desde (más…)

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