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Posts Tagged ‘pensiones’

Es una obviedad que cada día que pasa, la inmensa mayoría de la población es un poco más pobre. Los hay que poseían techo y ahora son desahuciados; los que tenían trabajo y ahora son parados; los que hace tiempo dejaron de percibir la prestación por desempleo; quienes tan solo reciben la mísera ayuda de los cuatrocientos euros, e incluos los que ya no perciben nada. Los que todavía ejercen el derecho constitucional al trabajo han visto disminuir sus salarios, aumentar su jornada y descender sus condiciones laborales; quienes regentan un pequeño comercio o una pequeña o mediana empresa han visto disminuir de forma alarmante las ventas y con ellas las ganancias. Por contra han subido impuestos indirectos, tasas como las universitarias, han menguado los servicios públicos o se han privatizado para pagar más caro el mismo servicio. Es decir, cada día más pobreza.

Y esa es la pobreza directa, a la que hay que sumarle la diferida, esa que por ahora no se ve pero que ya infecta el fututo. La más cercana se está apoderando de la educación pública, la de todos, y la de quiénes no disponen de recursos para llevar a sus hijos a un colegio de pago. La educación irá perdiendo (más…)

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El pasado curso fue el último para un buen amigo, maestro comprometido con la escuela, con su alumnado, con su pueblo y su comarca, un sindicalista de los que ejercen a diario entre sus compañeros de tajo sin liberación alguna. Le había llegado la hora de su jubilación. En la fiesta de celebración, como era de esperar en él, no solo hizo balance del camino que la mayoría de los presentes hemos recorrido juntos sino que enunció las tareas pendientes para consolidar el modelo de escuela pública por el que llevamos años trabajando. Nos animó también “en la lucha por la utopía, esa sociedad justa, solidaria y sostenible, es decir, ese otro mundo posible por el que venimos luchando toda nuestra vida, y de eso no me jubilo”. Solo se hizo una concesión a sí mismo: “mi alegría es grande, he podido alcanzar un viejo sueño del proletariado: no tener que trabajar asalariadamente hasta el final”.

Ese sueño es el que compartimos la inmensa mayoría de los trabajadores, ser dueños de nuestro propio tiempo, al menos en los últimos años de vida y cuando todavía quede un cierto margen para el disfrute, para llevar a cabo aquello que nunca pudimos hacer porque las obligaciones laborales nos lo (más…)

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Esta misma mañana, un amigo y compañero de trabajo, afiliado a CCOO desde hace más de dos décadas, tras leer en la prensa los términos generales del acuerdo entre gobierno y las dos mayores centrales sindicales, me ha dicho que quiere afiliarse a mi sindicato, que ha aguantado carretas y carretones desde que comenzó la crisis con la postura de su organización pero que su conciencia ya no admite más; él se afilió a un sindicato reivindicativo, sociopolítico, que defendía en la calle los derechos de los trabajadores, que quería cambiar el sistema por otro más justo. Me decía que se había afiliado al sindicato de Marcelino Camacho, no a esto que hoy se llama de la misma forma pero cuyas prácticas lo sitúan demasiado lejos de sus orígenes, de su historia y de las penurias de la clase trabajadora.

Ante su decisión he apelado a la responsabilidad que como ciudadano tiene con su país y con su organización, una responsabilidad que exige sacrificios a casi todos para que los banqueros puedan mejorar sus beneficios y sus jubilaciones millonarias. Pero claro, él no quiere ser responsable y por eso se viene a uno de esos sindicatos que (más…)

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El Gobierno esconde la verdad cuando habla de la reforma de las pensiones públicas

 

El Gobierno dice que es inevitable aumentar la edad legal de jubilación a los 67 años (aunque lo quiera hacer con flexibilidad)

No es cierto.

España es uno de los países de Europa con una edad “real” de jubilación más alta (63 años y 10 meses) y cercana a la edad legal.

El Gobierno dice que el aumento de la esperanza de vida (habrá más pensionistas en el futuro) hace necesaria la reforma.

No es cierto.

Es verdad que habrá más pensionistas, pero también es verdad que habrá más cotizantes y con cotizaciones más altas. El problema no es demográfico, sino de voluntad política. Se pueden hacer cotizar los contratos que están en la economía sumergida, se puede evitar que las mujeres ganen un 30% menos que los hombres y, por tanto, coticen menos, se puede elevar el salario mínimo (uno de los más bajos de Europa), se puede hacer cotizar las becas (en su mayor parte son contratos laborales encubiertos) se pueden elevar las cotizaciones máximas (la base más alta son 3.198 euros/mes; a partir de ahí ya no se cotiza más).

El Gobierno dice que el gasto en pensiones es muy alto.

No es cierto.

En 2011 gastaremos en pensiones contributivas en torno al 10% del PIB. En 2040, el 14%. Hoy hay ya países como Italia que ya gastan ese 14 %. Francia gasta ya el 12%. Nuestras pensiones medias son de las más bajas de Europa y el número de pensionistas comparado con la población también es de los más reducidos. Incluso en períodos de crisis como el actual y con 4,5 millones de parados, la Seguridad Social tiene superávit y el Fondo de reserva está aumentando hasta alcanzar casi los 70.000 millones de euros.

El Gobierno dice que las medidas que se toman ahora son para consolidar el sistema y garantizar las pensiones del futuro.

No es cierto.

La realidad es que las medidas que se toman tienen por objetivo reducir las pensiones y así lo expresa el Gobierno en el compromiso contenido en el Plan de Austeridad enviado a la Comisión Europea. El aumento de la edad de jubilación significa que todos cobraríamos dos años menos de pensión, con el consiguiente ahorro (que se estima en un 6%) y el aumento de los años de cómputo para determinar el importe de la pensión, de los actuales 15 años a 20 o 25, significa que todos cobraremos pensiones más bajas (entre un 5 y un 10% menos) porque los salarios más antiguos eran más bajos.

El Gobierno dice que defiende el sistema público de pensiones.

No es cierto.

Lo ha entregado a los mercados, que tienen nombre y apellidos. Son los bancos y las compañías de seguros. Se pretende un modelo asistencial, es decir unas pensiones públicas mínimas y el resto con complementos de los seguros privados.

Todo ello parece una mala inocentada de fin de año. Pero no lo es.

Sólo la lucha y la movilización puede impedir que toquen las pensiones imponiendo su reforma dentro de un mes.

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Ayer hablaba sobre la huelga con una joven que trabaja en una gran superficie. La chica tiene un contrato por horas de seis meses que está próximo a su fin. Tiene fundadas razones para creer que una vez finalizado le harán otro indefinido. Es consciente de la gravedad de la reforma laboral que el PSOE ha llevado a cabo, y del ataque que se avecina en lo relativo a pensiones y edad de jubilación. Intuye el macabro festín que pretenden celebrar los poderosos. Sabe que la huelga es necesaria, que es la única manera de parar la barbarie que se cierne contra los trabajadores. Siente que su lugar está junto a todos aquellos que no irán al trabajo el día 29. Pero tiene miedo. El miércoles entrará a su empresa sin el uniforme, como una clienta más, vestida de paisana, con un nudo en la garganta, con la rabia contenida y maldiciendo entre dientes se vestirá de precaria y sufrirá su desamparo.

Esta joven, como tantas otras personas que tienen contratos temporales, sabe sin que nadie se lo haya dicho directamente que si hace huelga irá a la calle cuando finalice el contrato sí o sí. Se sabe desamparada, violentada por ese piquete invisible que es el miedo. El patrón lo tiene todo de cara: el dinero, la ley, la justicia, la opinión publicada. Los piquetes del miedo no necesitan manifestarse porque su presencia intangible es más eficaz que su materialización. Son ese poder fáctico que condiciona sin pagar precio alguno. Basta una insinuación, un leve comentario, un encogimiento de hombros del mandado de turno para sembrar, o reavivar, ese miedo latente. Los piquetes del miedo, en su invisible sustancia, son de una violencia inusitada porque respetando el cuerpo deshacen la mente.

Es obvia la necesidad de los piquetes que montan los trabajadores porque, aun quedando a mucha distancia de esos otros que sostienen los amos, son la única fuerza de contención que pueden oponer a la silenciosa y silenciada violencia de guante blanco de los patronos. Estar o no de huelga puede ser la diferencia entre tener o no trabajo, entre sobrevivir o pasar hambre. Y no es tiempo de héroes solitarios. Que un nutrido piquete se sitúe a las puertas del establecimiento puede ser el camino para darle una oportunidad a quienes son machacados por los piquetes del miedo.

“Haced huelga los que podeis por aquellos que no podemos”, me ha dicho la muchacha al despedirse. “Al menos, que tus pensamientos estén con nosotros”, la he animado. Sé que no le va a ser fácil acudir al trabajo, que se morderá el labio para no llorar, que maldecirá para sus adentros a tanto traidor y a tanto ladrón de curso legal; sé que en su corazón estará de huelga, con los suyos, con los de su clase, sintiéndose representada por aquellos que sí podemos ejercer nuestro derecho. Sé que algún día se enfrentará a los piquetes del miedo. Y saldrá victoriosa. Preparémosle el camino.

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Esta mañana, nada más llegar al trabajo me han hecho la pregunta habitual en estas fechas: “¿Qué tal las vacaciones?” Y me he quedado sin respuesta, he dudado durante unos instantes. El simple hecho de estar de vacaciones ya es satisfactorio en sí mismo -especialmente para quienes creemos que el estado natural de las personas es holgar y el trabajo el medio para procurarse lo necesario para la subsistencia-, pero las expectativas que me había generado con respecto a ellas distan mucho de lo que ha sucedido.

A lo largo del año van apareciendo tareas que se relegan para las vacaciones: pintar las habitaciones, que desde que se cambiaron las ventanas hace meses llevan esperando turno; ver que pasa con ese rezumado que se ha ido haciendo más y más grande bajo la bañera; la gotera de la terraza; los azulejos del baño que se han separado de la pared; la puerta de la terraza que hay que barnizar; aquel rodapié que se cayó; ordenar armarios y rincones… Organizar las fotos en papel desde el año 2000 hasta que me pasé a la era digital. Han sido (más…)

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Ayer me encontré fugazmente, en dos momentos diferentes, con dos amigos de ámbitos laborales, sociales y políticos distintos pero que tuvieron en común enfocar el punto de mira de su cabreo- crisis-Zapatero en los funcionarios. El primero, situado en la derecha sociológica, justificaba el robo que ZP, el tonto útil del capitalismo, va a perpetrar contra los trabajadores del sector público, con el argumento de que a los albañiles les había quitado el cincuenta por ciento de su sueldo. El otro amigo, situado en la izquierda, arremetía contra los sindicatos por llamar a la movilización solamente cuando les van a quitar dinero a los servidores del Estado, reforzando su posición con la tan traída y llevada gandulería de los funcionarios.

Al primero, en el tono irónico en que transcurrió el rápido cruce de palabras, le dije que cómo era posible que condujera el cochazo desde el que me hablaba siendo un modesto empresario en crisis; me dijo que eso era un arte, y yo le contesté que siguiera viviendo del arte. Esa respuesta, aun dicha con una jocosa amargura, me hizo pensar en la situación (más…)

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