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Posts Tagged ‘POESÍA’

Despiertan, nos despiertan,

los almendros otra vez,

del invierno que se nombra;

fieles a la cita inmemorial

del relevo, ahora confuso,

de confusas estaciones;

adelantados del renuevo

de la vida refugiada, aletargada,

que espera en su quietud, silenciosa,

la orden de la luz

para emerger de su espera.

Y entretanto, los almendros

van punteando los días

del color que ha de venir.

Me gusta el paisaje del almendro

en su blanco amanecer,

en su verde vestimenta,

en su desnudo otoñal.

Guardo intacto en el recuerdo

sus tiempos de esplendor,

dueño incontestable

de una extensa geografía;

geografía de mi niñez.

Un paisaje que se pierde,

del que apenas quedan restos,

islas desvaídas, territorio en regresión.

Queda el eco en la memoria,

del vareo, de la cofa, del telón,

de los piojos, de la charla, del vale,

del almuerzo, del botijo y del calor.

Del jornal,

que será estudios, que será pan.

Desde el hueco perforado por el tiempo

en sus troncos rugosos y apenados

vislumbro el ocaso de su gloria,

y aun así me alegran las galas con que visten

de blancura el renuevo de la vida.

Me enamora el paisaje del almendro

en su blanco amanecer;

me subyuga la pasión

de su verde vestimenta;

me sosiega la templanza

de su desnudo otoñal.

Me enamora el paisaje que dibujan,

los almendros.

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SE MARCHÓ EL ÚLTIMO TREN

El pasado lunes, 26 de octubre, en la velada literaria de El Triskel, la poeta Mariángeles Ibernón nos propuso un ejercicio sobre palabras que nacen de una imagen, en una cortísima gestación. A mí me tocó una con un motivo como este, aunque mucho más hermosa:

vias tren

No es la misma, pero las vías de un tren siempre tienen el mismo trazado aunque lleven a lugares distintos. Compuse este poema:

SE MARCHÓ EL ÚLTIMO TREN 

Se marchó el último tren

y yo sigo en la estación.

Todos los he perdido

esperando uno mejor.

Solo me quedan las vías

para que ruede el vacío,

ese hierro que es ausencia,

triste y oscura guía

por donde se me fue la vida

que pude haber perseguido.

Se marchó el último tren

por ser duda, y no atrevido.

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LA ÚLTIMA DESPEDIDA

Los últimos besos se ahogaron

en un temporal de lágrimas,

escurriéndose silenciosos

entre nuestros pies descalzos.

Las últimas caricias esculpieron

muescas indelebles de añoranza

en el lienzo inacabado que tejieron

las tardes inflamadas de deseo.

El último abrazo se prolongó

todo lo que el tiempo se detuvo,

y se lo apropió el pasado

cuando el mundo volvió a girar.

Las últimas palabras no las recuerdo,

estaba lamiendo las lágrimas

dulces de tus ojos abisales,

bebiendo los besos apasionados

de tus labios de hechizo,

diluyéndome en el templo

de tu cuerpo insaciable,

filtrándome piel adentro

hasta la célula más diminuta,

en el abrazo silencioso,

ardiente, del adiós definitivo.

La última mirada se quedó

flotando en la tristeza vaporosa

del aire enrarecido, irrespirable,

cuando tu cuerpo desnudo,

despacio, se vistió de despedida.

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gaza4

Tiene la guerra un conocido arsenal de caretas

preparadas en el armario público de la mentira.

Cubre, ahora, su faz iracunda de muerte y llanto

la máscara sobria, inescrutable, de la seguridad;

ocultará mañana su destrucción y su locura

tras la carátula expresiva de la amable democracia;

escondió ayer su apocalipsis tras un embozo de libertad;

Otro día cualquiera cubrirá su cara ensangrentada

la máscara venerada de los derechos humanos;

incluso tiene la guerra, dispuesta para la ocasión,

una careta blanca con forma de paloma de la paz.

Tiene la guerra un grave error en su engañoso disfraz:

da igual la careta que escoja, según la situación,

para esconder tras la apariencia adusta y respetable

seguridad, democracia, derechos humanos,

libertad, pazsu propósito mortal, inmoral;

siempre se trasparenta a través de las caretas,

impecables en su hechura, el amargo rostro del terror.

Tiene la guerra el plácet de bestias de rostro amable,

civilizadas, educadas, luciendo, incluso, en la pechera

la medalla prostituida del premio Nobel de la Paz.

Esperan resultados con una copa en la mano,

repanchigados, temerosos de Dios, la máscara puesta

para realizar declaraciones sinceras, sentidas, con dolor

ante los medios que crean la información que convenga,

protegidos, estos, tras la careta incuestionable del rigor,

la independencia, la profesionalidad, la verdad.

Tiene la guerra la cruel misión de someter pueblos,

arrancarles las facciones hasta dejarlos irreconocibles.

Y aun sin piel, sin músculos, sin cartílagos, sin huesos,

no consigue la guerra enturbiar con sus máscaras trucadas

las caras hermosas, descubiertas y limpias de los pueblos.

«Malditas sean la guerras y los canallas que las hacen». Julio Anguita.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERA     No me preguntes por él,

que yo no lo sé amar.

Es a ella a la que quiero,

a mí me enamora la mar.

     Nunca me llevó mi madre

a chapotear en el mar.

Siempre fuimos a la playa

a bañarnos en la mar.

     Nunca levanté castillos

en la arena, junto al mar.

Con pozal y pala hice

en la orilla de la mar.

     No he compartido amores

entre las olas del mar;

todos fueron bendecidos

por el agua de la mar.

     Nunca escucho los murmullos

que trae el vaivén del mar.

Siempre me arrulla el susurro

que solo entona la mar.

     Nunca las barcas que veo

van a pescar en el mar.

Saben bien los marineros

que la red se echa en la mar.

     No me preguntes por él,

que yo no lo sé amar.

Es a ella a la que quiero,

a mí me enamora la mar.

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trenque

 

A LOS TRENQUES

 

Cumpliendo sigue, firme, su misión,

ignorando el destino que le viene;

el trenque resistente aún sostiene

la tierra del bancal con decisión.

 

Orgullosa en su humilde precisión,

bien trabada la piedra se mantiene.

Registra la memoria, que contiene,

de las manos que le dieron dimensión.

 

Poderosos Pilatos los destierran

del paisaje que siempre han dibujado

y en llanos imperfectos los entierran.

 

Mil brazos que el encaje han trabajado,

bajo llaves de olvido los encierran

¿Desviaremos miradas a otro lado?

 

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Inspirado en paseos entre la sequedad del bosque y las cenizas del último incendio.

 

SED Y CENIZAS 

¡Cuánta sed!

Lo que cuesta nacer y crecer y vivir

cuando el cielo enojado se cierra

y no riega su jugo la tierra.

¡Cuanta sed!

Los tallos resecos, cuarteados, leñosos,

macilentos se yerguen, vencidos,

las fuerzas se agotan, no llega el alivio.

¡Cuánta sed!

Las hojas se encogen, se arrugan, se angustian,

los bordes se humillan, se doblan,

retienen la vida, el sol no perdona.

¡Cuánta sed!

Las flores, cohibidas, se asoman, se asustan,

sin brillo y sin gracia se visten de fiesta,

apenas se lucen sin ser ya coquetas.

¡Cuánta sed!

La raíz, insistente, se hunde y ahonda

exigiendo, tozuda, valiente, a la tierra

lo que el cielo engolfado le niega.

¡Cuánta sed!

¡Qué esfuerzo requiere la vida

si hay escasez!

¡Qué lento es crecer!

¡Qué fácil lo tiene la muerte

si es para arder!

La llama a la yesca con prisa se agarra,

se extiende furiosa creciendo voraz.

Se deshace en pavesas el verde sediento,

se estremece la vida crepitando su horror

y se esfuma impotente en un gris ceniciento,

robada, trocada en humo y ceniza a la par.

La muerte, insensible, baila su son.

Se desvanece el color,

el mundo es oscuro:

atrapa la luz.

Horror.

El silencio se adueña de todo,

el bosque ha perdido su voz.

El viento no entiende, no sabe

cómo cantar su canción.

Duelo y dolor.

La llama se cobra un alto tributo

que nunca fue suyo.

La mano que enciende la chispa

nos viste de luto.

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