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Posts Tagged ‘Reyes Magos’

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La celebración de los Reyes Magos me trae cada año a la memoria, invariablemente, el tren de cuerda, con sus vagones y la vía circular, y la pistola del oeste con su cartuchera de plástico que un seis de enero, hace ya muchos años, al levantarme de la cama encontré sobre los zapatos al pie de la chimenea. No tengo otro recuerdo de regalos de niñez en esas fechas, con seguridad que los hubo, pero quizá solo retengo el que más me emocionó, el que mas feliz me hizo. Me viene a la memoria junto al eco lejano, tenue, de esa emoción, de esa felicidad. Incluso cuando perdí la inocencia al descubri el secreto, un poso de magia se quedó adherido a mí. Con el paso del tiempo se fue alimentando de las manos pequeñitas y nerviosas de mi hija rasgando el papel que envolvía el regalo, de sus ojos y boca tan abiertos al descubrir el juguete o el juego, de su risa nerviosa al tenerlo en las manos, de su cara de felicidad al jugar con él. De mi inmensa satisfacción al jugar con ella. Después he vivido las mismas sensaciones con mi hijo. E incluso desde que también ellos cambiaron la inocencia por la verdad, el reflejo de lo que un día fue mágico lo descubro durante un instante en su rostro de mayores cada año al repetirse el ritual. Hoy, en todo su esplendor, revivo aquella lejana ilusión en la expresión nerviosa, sorprendida, feliz de mi nieta mientras se acerca al regalo, rasga la envoltura y descubre, ojos y boca muy abiertos, su mágico contenido. (más…)

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De mis años de niñez solamente recuerdo un día de Reyes, y los dos regalos que me dejaron sobre los dos únicos pares de zapatos que tenía. Vivía yo en una casa humilde en el campo, con agua de aljibe y luz de candil, y contaría unos 4 ó 5 años. En la cocina había un hogar con chimenea, única calefacción que disfrutábamos en aquella casa de ventanas pequeñas sin cristales. Allí, en el suelo del hogar limpio de ceniza, sobre los zapatos nuevos “de vestir”, o de los domingos, encontré aquel 6 de enero por la mañana el tren de cuerda que los Magos de Oriente me habían dejado: la locomotora, tres vagones y una vía circular. Mi alegría no tenía límites.

Orientado por mis padres salí de la casa y fui hasta un cuartucho exterior adosado a la casa, al que llamábamos “la cocinica” -era allí donde se hacía la comida habitualmente-, que contaba con otra chimenea, ésta situada sobre (más…)

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