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Posts Tagged ‘Segura’

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Firma de ejemplares de “Segura” en el Malecón del Soto (Rojales)

Que una lectora de Segura te haga saber que lo único que ha hecho durante el fin de semana es comer, dormir, ir al baño y leer la novela, solo indica una cosa: que atrapa desde la primera página. La lectura de un buen libro de ficción despierta emociones, diversas, como diversos son los lectores, y permanecer enganchado a cada una de las páginas depende de lo estimulante que resulte la historia, y el principal estímulo son las emociones que provoca.

Lo curioso es que esas emociones comiencen a aflorar cuando el manuscrito todavía no es más que una posibilidad. Y eso ha ocurrido con «Segura». Cuando solo era una idea y me entrevistaba con algunos de los protagonistas de aquellos años convulsos en los que las aguas del río bajaban muertas de contaminación y sembraban muerte con su riego, las emociones afloraban ante la posibilidad de que una ficción hablara de aquella parte de su vida, vivida desde la intensidad de una lucha colectiva en defensa de la descontaminación del Segura. (más…)

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El público siguió con mucho interés la presentación de la novela.

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ebro

Ahora que las aguas del Ebro comienzan a volver a su cauce tras las recientes inundaciones puede ser un buen momento para reflexionar sobre los atragantamientos que se producen en nuestra tierra cada vez que aquel río se desborda. La tarea no es fácil porque en el enfrentamiento entre razonamiento y consigna o eslogan siempre sale perdiendo la razón. La conformación de la opinión de muchas personas se fundamenta en sentencias cortas que por su obviedad no necesitan argumentos sólidos. Basta con esgrimirlas como verdad absoluta: agua para todos y no hay más que hablar. En relación al agua, como a otras muchas cosas, los medios de comunicación se han encargado de instalar en la opinión pública más desinformada la verdad que le interesa al poder.

Es fácil encontrar en las redes sociales y en la calle personas que sienten cierta satisfacción ante los sufrimientos de los ribereños del Ebro cuando se desborda, castigo merecido por ser tan insolidarios al no querer compartir el agua que les sobra. Tal despropósito parte del convencimiento de que al Ebro le sobra agua. A ningún río le sobra agua. Ni siquiera cuando se desborda (con respecto a las inundaciones sería bueno, como dice Pedro Arrojo, de la Nueva Cultura del Agua, empezar a negociar con el Ebro su área de inundación).

En condiciones naturales, que un río lleve más o menos agua no es más que la consecuencia de las condiciones ambientales que operan en la zona de influencia. Es lo mismo que ocurre en una selva o en un desierto, son así debido a la circunstancias que en ellos concurren y si no, no serían lo que son. Otra cosa es que una parte de los recursos hídricos de un río, por ejemplo el Ebro, hayan de ser utilizados para mejorar las condiciones de vida de las personas. Algo que debería de hacerse desde concepciones ecosistémicas, es decir, teniendo en cuenta todos los elementos que conforman los ecosistemas influenciados por el río para no comprometer su supervivencia.

Es falsa la afirmación de que el agua de un río se pierde en el mar. Una mentira, a veces intencionada, a veces fruto del desconocimiento de los procesos naturales. La investigación científica sobre sistemas fluviales ha demostrado que los depósitos sedimentarios litorales que descargan los ríos son esenciales para el mantenimiento de las playas: las arenas que las nutren son aportes fluviales que las corrientes distribuyen. La merma de esos aportes tiene afecciones económicas por sus repercusiones en la actividad turística. Por otra parte, las arenas son esenciales para la conservación de las playas sumergidas en las que crece la Posidonia oceánica, unos de los ecosistemas más productivos del mundo.

La calidad y cantidad de las pesquerías litorales tiene relación directa con la exportación de nutrientes que los ríos realizan en el mar. Dichos nutrientes y sustancias minerales son el sustrato en el que se asientan las cadenas tróficas marinas. Una disminución del caudal del río supone una empobrecimiento de las pesquerías, en las que trabajan muchas personas. Las descargas fluviales de agua dulce mantienen el control de la salinidad en los estuarios garantizando la riqueza faunística y con ello la actividad económica asociada. De igual manera, en el caso del Ebro, la estructura del delta y sus cultivos asociados dependen de que el río desemboque en el mar con todo su potencial.

La supuesta escasez de agua en la cuenca del Segura, especialmente en su curso bajo, viene motivada por un desarrollo sin control de los cultivos de regadío, de los usos lúdicos, del incremento artificial y desorbitado de la población, y de una insuficiente depuración y reciclaje de las aguas urbanas. Se crece por encima de los recursos disponibles y después se pide agua para todos. La construcción de trasvases y plantas desaladoras es un lucrativo negocio para grandes empresas, y la justificación de costosas infraestructuras es obvia: ¿quién no va a querer que haya más agua disponible? Además, es fácil orquestar un enfrentamiento entre regiones o entre comunidades, es decir, generar desunión entre personas que sufren problemas parecidos. A río revuelto… pues ya se sabe quiénes ganan.

Pero, ¿y si la supuesta escasez de agua en el medio y bajo Segura fuera una gran mentira mantenida durante décadas por los gobernantes? ¿Y si la cuenca del Segura estuviese asentada sobre un enorme mar de agua dulce que debidamente gestionada y socializada, pública y participada, creara una rica agricultura e industria asociada? «Sí, pero a los catalanes les sobra el agua». Y dale.

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