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Posts Tagged ‘solidaridad’

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Un horno de pan, ese ha sido el proyecto solidario elegido mediante votación, clase a clase, por el alumnado del IES Los Alcores de San Miguel de Salinas en el «Alcores Solidario 2016». Cuatro eran los proyectos a considerar, propuestos por los propios destinatarios —el Taller Ocupacional de Niños Especiales «Ángel Mary Valero» de Chiclayo (Perú)—: mesas individuales y sillas para una clase (1 100 soles = 335 €), silla de ruedas y camilla (500 + 300 soles = 270 €), medicamentos para medio año (2 700 soles = 819 €) y un horno de pan (5 500 soles = 1 670 €). El más votado ha sido el de mayor coste, sí, pero quizá también el que mayor inteligencia requería. Lo explicó con claridad meridiana Israel, un alumno de 1º de Secundaria, la voz firme y pausada, en los prolegómenos de la Carrera Solidaria que como cada año celebra el instituto en fechas otoñales. Vino a decir que las medicinas eran importantes, pero que al cabo de seis meses se les acabaría nuestra ayuda, en cambio, con el horno de pan podrían vender el producto y con los beneficios comprar medicinas siempre. El viejo aforismo de dar la caña para pescar en lugar de dar pescado.

Chiclayo es una de las ciudades más grande de Perú; su población ha crecido exponencialmente en las últimas décadas, desde los treinta mil habitantes en 1940 hasta el más de medio millón en la actualidad. Un crecimiento que ha ido creando ensanches sucesivos, unos de manera ordenada, las urbanizaciones, donde vive la gente pudiente; otros, de aluvión, donde se han ido amontonando los más pobres, quienes abandonaron el campo huyendo de la guerrilla, de la miseria, o simplemente emigraron en busca de una vida mejor. En uno de esos «pueblos jóvenes» es donde se ubica este centro tan necesitado de todo. Uno de esos lugares que se repiten en muchos países con riqueza que albergan bolsas de pobreza, y no por azar, claro.

Los Alcores Solidario, uno de los programa de educación en valores que el instituto viene desarrollando desde hace años, trata de acercar al alumnado a la vida real, la que en demasiada ocasiones transcurre oculta, también ocultada, y que, sin embargo, merece ser conocida, comprendida y cambiada. Desde lo local —el caso del Banco de Alimentos— hasta lo internacional —el pasado curso fueron los refugiados saharauis mutilados por minas antipersona—, no solo conocemos los problemas sino también a las víctimas que las sufren, con caras, nombres e historias personales. En esta ocasión, gracias a las nuevas tecnologías y a Mª Dolores, profesora del instituto que lleva cooperando en Perú desde hace veinte años, hemos conocido a alumnos, madres, profesorado del Taller Ocupacional; nos han transmitido sus necesidades, sus deseos, sus tareas, y sabemos a quiénes va dirigida nuestra solidaridad: el horno de pan. El reto no es pequeño, pero la determinación de superarlo está, sin duda, a la altura.

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banco alimentos

Que existan bancos de alimentos es un gran fracaso. Que haya familias que no puedan comprar los alimentos básicos para llenar su despensa y tengan que acudir a que se les facilite una bolsa de comida es un gran fracaso institucional y social. Pan, trabajo y techo eran los reclamos de las Marchas de la Dignidad que el 22 de marzo pasado confluyeron en Madrid provenientes de todas las naciones y regiones de España. Porque pan y techo es lo mínimo que una persona debe de tener a su alcance para vivir dignamente, y para la inmensa mayoría de personas la única forma de acceder a ello es mediante un trabajo.

Un banco de alimentos es un gran fracaso institucional y político, porque las instituciones, la política ha sido incapaz de tomar las decisiones correctas para impedir la tragedia que sufren muchas familias al verse privadas de un trabajo que les aporte los ingresos suficientes para poder ir a comprar a la tienda. Pero es, ante todo, un gran fracaso social porque los ciudadanos no hemos tenido la lucidez y el atrevimiento para poner al frente de las instituciones, de los gobiernos, a personas humanistas, que sientan como propia la desgracia de los que sufren, y arbitren remedio no desde la caridad sino desde la justicia. (más…)

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El pasado mes de enero plantando patatas

El pasado mes de enero plantando patatas

A José Manuel López Grima (Rojales, 1950) le creció la conciencia entre bajocas y cherros, a pie de huerta y río, desde las simientes que su padre fue sembrando día a día hablándole de la faena y de la vida, de lo que era importante y de lo que no valía la pena. «Ten siempre un trozo de tierra de la que comer y una casa en la que cobijarte”, le decía, advirtiéndole sobre aquellos de los que nunca debía fiarse y aconsejándole sobre cómo conducirse con honradez.

Pronto comenzó a preguntarse por lo que veía a su alrededor. Por qué unos pocos vivían tan bien y muchos en la necesidad. Por qué el río, centro de juegos, baños, primeros besos, cada vez era menos río. Qué pasó cuando los hombres íntegros creyeron que un mundo más justo era posible. Una premeditada injusticia sufrida al finalizar la carrera de magisterio inflamó su espíritu rebelde para siempre, y se prometió a sí mismo que los indignos oirían hablar de él. (más…)

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La biblioteca pública ha puesto en marcha una campaña de apadrinamiento y donación de libros, se llama Destino nº 1, 23 de abril. Es una interesante iniciativa solidaria para adquirir algunos títulos nuevos que ofrecer a los usuarios de este servicio público. El llamado a la solidaridad, al pequeño esfuerzo individual para enriquecer lo colectivo, a compartir lo mío —ya sean unos euros o un buen libro— con los demás, es la parte positiva. La parte negativa es que esta campaña es la consecuencia directa de la ausencia de presupuesto para adquisiciones y renovación de fondos, porque el gobierno municipal no ha querido dedicar ni un solo euro a la biblioteca, los necesitaba todos para asesores, fiestas o protocolo. Esa falta de financiación para mantener una mínima actualización de fondos es una clara evidencia de que a los gestores del PP la biblioteca se la trae al fresco.

Se la ha traído desde que llegaron, desde que supieron que no cumplía las condiciones legales que las normas exigían y la abandonaron a su suerte. Ni siquiera lo fácil —asignarle unos cuantos euros para compras— han querido hacer. La crisis no es justificación, los recortes no son coartada. El problema es que para quienes nos gobiernan, todo aquello que huela a cultura popular, a educación para todos, a servicios públicos les chirría, no les encaja en su ideología neoliberal ni siquiera a nivel de pueblo.

La biblioteca, ahora más todavía, se hace necesaria para posibilitar el acceso a los libros a aquellas personas que no pueden permitirse el lujo de pagar los elevados precios de un bien de primera necesidad, y que tienen en la lectura uno de sus entretenimientos favoritos. Es un elemento de socialización, y no hay motivos para renunciar al disfrute de algunas de las novedades más destacadas que ofrece el mercado editorial. Los pobres también tienen derecho a leer lo nuevo.

Mientras esta situación de estafa a la que llaman crisis continúe no habrá más remedio que ingeniárselas para mantener en las mejores condiciones el servicio público que es la biblioteca, y Destino nº 1, 23 de abril forma parte de ese ingenio. No estaría mal que la solidaridad que nazca con esta iniciativa se conserve para el futuro, incluso si las condiciones económicas mejoran, pero sin dejar de exigir a los gobernantes que una parte de lo que los ciudadanos aportamos, directa o indirectamente, a las arcas públicas ha de dedicarse a mantener con dignidad lo que es de todos. Una biblioteca es mucho más que un almacén de libros, es ante todo un símbolo de la cultura. Y la cultura, la educación hace a las personas más libres, más críticas, más solidarias y más rebeldes. Quizás por eso, para la biblioteca ni un euro.

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El 22 de diciembre es el Día de la Salud. Para muy pocos es el de la Suerte, porque es una ínfima minoría la que se ve agraciada con la fortuna de un premio de suficiente entidad en el sorteo de Navidad como para “sacar de pobre”, o cuando menos para tapar los muchos agujeros abiertos en la economía familiar. Para el resto de los resignados mortales queda el consuelo del consabido deseo: “Salud que haya”.

El día uno de enero es el Día de la Felicidad. El “Feliz Año Nuevo” debe ser la expresión más repetida en ese día y seguramente la que ostente el primer lugar en el computo del año, aparte, claro, del taco favorito de cada cual. La Felicidad, así a bulto, es el primer deseo que expresamos entre abrazos y besos con los últimos ecos de la duodécima campanada (más…)

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Vivimos en un planeta inestable que almacena en su interior una cantidad inimaginable de energía. Su superficie está fracturada en grandes placas que se mueven sobre un fluido espeso de roca fundida. Esas placas colisionan, se introducen unas debajo de otras, se separan, y provocan desde la formación de grandes cordilleras hasta devastadores terremotos. Ante estas fuerzas de la Naturaleza tan poderosas, los insignificante humanos tan solo podemos hacer dos cosas: prevenir hasta donde nuestros conocimientos científicos y recursos nos permitan y aliviar el horror posterior una vez desencadenados los acontecimientos. Los dioses no nos pueden proteger.

Lo ocurrido en la vecina ciudad de Lorca es uno de esos episodios periódicos e inevitables que tienen lugar en el sureste de la Península Ibérica, desde Granada hasta la Vega Baja del Segura. Nos recuerda que vivimos en un territorio inestable, altamente sísmico y sobre el que pende la incertidumbre de cuándo será el próximo. Dicen los entendidos que el periodo de recurrencia de un gran terremoto es de unos 150 años. Son estadísticas, al fin y al cabo, y de eso la Tierra no entiende. Pero ya llevamos 182 años desde aquel 21 de marzo de 1829 en que la tierra tembló destruyendo buena parte de la Vega Baja.

En Lorca hemos visto una respuesta de las instituciones casi inmediata ante el desastre, con una ejecución, por lo que se cuenta, ordenada, coordinada y eficaz. Se ha puesto de relieve que los organismos del Estado han sabido reaccionar en tiempo y forma. Ha sido lo público lo que ha acudido al rescate. Es la prueba del algodón de que son necesarios unos servicios públicos de amplia (más…)

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Ya tiene unos años esta película de Javier Fesser rodada para un programa de UNICEF, pero si no la has visto y dispones de 30 minutos, merece la pena. En el instituto la estamos trabajando en el marco de las actividades de la carrera solidaria que se celebrará el próximo viernes. Un acto que persigue dos objetivos: concienciar al alumnado sobre las desigualdades e injusticias que sufren millones de personas en el mundo, el consumismo del primer mundo frente a las necesidades básicas de los pobres y la solidaridad como valor para construir un futuro mejor. Por otra parte se trata de recaudar fondos que en esta ocasión irán a parar al sostenimiento de un comedor escolar en una parroquia de una zona pobre del rico Perú.

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