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Posts Tagged ‘yesos’

En la oscuridad sólida de los días y las noches, aprisionado bajo el peso brusco de la indiferencia, solo me queda el sabor amargo de la desidia, la ignorancia y el abandono. También el sabor salado del recuerdo adormecido entre las piedras, de un tiempo duro, y fugaz como todo tiempo.

Recuerdo las manos expertas, endurecidas y laboriosas, que me cuidaban con mimo cuando mi cuerpo joven era vigoroso y útil. Las voces roncas de vino y humo, las toses crónicas que el tabaco clavaba en el pecho de los hombres mientras cargaban sobre mis espaldas bien forjadas el fruto de su trabajo. El calor espeso que iba creciendo en mi interior, el fuego que lamía mis entrañas con lenguas rojas y amarillas para blanquear la preñez de un vientre efímero. El sueño ligero de quien me cuidaba arrebujado en una manta plateada de luna, punteada de estrellas, bordada de rocío.

Echo de menos las risas colgadas en la comisura de los labios; las mujeres que conocí en la boca juguetona y exagerada de los hombres para aliviar la lentitud del pico y la pesadez rutinaria del capazo; el vino que se escapa de la cárcel de la bota y llena el cuenco de la boca y se derrama hasta el dorso desnudo y sucio de la mano; el tajo preciso y silencioso del filo de la navaja atravesando el hambre hasta un taco de tocino que se cobija sobre un pan de sudor y días.

Un amanecer de luz oscura no volvieron ni las risas ni las voces ni las toses. No hubo adiós ni despedida. Envuelto en bruma y desconcierto llegó el silencio, un desconocido para mí. Y se quedó conmigo sin hacerme compañía, y me hizo prisionero de su nada.

Durante un tiempo mantuve la esperanza. Hasta que el viento trajo una brisa de ecos de abandono a otros como yo. Hasta que un vendaval resquebrajaba mi entereza con ráfagas de angustia y duelo por los que se perdían para siempre bajo el peso muerto del vertido de toneladas de indiferencia, o sucumbían ante una reja hostil y vergonzosa. Tardé mucho tiempo en aceptar que también ese sería mi destino.

Sin embargo, renacía mi esperanza cuando alguien, muy pocos, todo hay que decirlo, se asomaba curioso a mi interior, deseoso de escuchar las historias escritas en el tiempo y en mi cuerpo, me inmortalizaba en una fotografía prometedora y me mostraba el respeto silencioso y el cariño transparente que un viejo se merece. Todavía no he llegado a los sesenta y, sin embargo, reconozco mi precoz y sobrevenida senectud, no porque mi cuerpo todavía vigoroso la padezca, sino porque todo a mi alrededor se agarró al futuro y cambió de universo.

Ahora, en la oscuridad sólida de los días y las noches, aprisionado bajo el peso brusco de toneladas de indiferencia, me resigno a mi destino. Y me aferro a la memoria escrita sobre mis piedras de un tiempo duro y fugaz que nadie quiere conservar.

Nombre de archivo : DSCN0626.JPG Tamaño de archivo : 171.1 KB (175215 Bytes) Fecha de entrega : 2002/10/25 16:51:31 Tamaño de imagen : 1024 x 768 píxeles Resolución : 300 x 300 ppp Profundidad del color : 8 bits/canal Atributo Protección : Desactivado Atributo Ocultar : Desactivado ID de la cámara : N/A Cámara : E775 Modo Calidad : NORMAL Modo Medición : Multipatrón Modo Exposición : Automático Programado Speed Light : No Distancia Focal : 6.2 mm Velocidad del disparador : 1/329.7 segundo Abertura : F8.1 Compensación de exposición : 0 EV Balance del blanco fijo : Automático Objetivo : Incorporado Modo de sincronización del flash : Reducción de ojos rojos Diferencia de exposición : N/A Programa Flexible : N/A Sensibilidad : Auto Nitidez : Automático Tipo de imagen : Color Modo de color : N/A Ajuste de tono : N/A Control de saturación : N/A Compensación de tono : Normal Latitud (GPS) : N/A Longitud (GPS) : N/A Altitud (GPS) : N/A

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Geólogos italianos estudiando los yesos de San Miguel de Salinas

Geólogos italianos estudiando los yesos de San Miguel de Salinas

Este último sábado, al llegar a la altura del canal del Trasvase a las afueras del pueblo, observé a cuatro personas entretenidas en algún tipo de observación sobre los cortes del terreno abiertos a ambos lados del canal. Detuve mi paseo vespertino y traté de saciar la curiosidad que me habían despertado. Vestían pantalones con bolsillos exteriores y calzaban botas de monte. El característico martillo que uno de los más jóvenes portaba me reveló enseguida a qué se dedicaban. Aguardé unos minutos hasta que el hombre que se encontraba más próximo a mí descendió desde la altura a la que había subido para hacer una fotografías y me acerqué a él. ¿Sois geólogos?, le pregunté tras darle las buenas tardes. El hombre, quizá frisando los cincuenta, me confirmó mi sospecha. En un excelente castellano, me dijo que era profesor de la univeridad de Parma (Italia) y que estaban realizando un estudio sobre los yesos de San Miguel debido a la curiosa cristalización en punta de flecha que presentan. Durante unos minutos mantuvimos una interesante conversación sobre el interés geológico de los yesares de este territorio y de la necesidad de su conservación y protección. En su ruta, estos cintíficos italianos, también estudiarían los yesos de Lorca y los que forman el importante karst de Sorbas, en Almería. (más…)

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Cantaba Gardel que “veinte años no es nada”, y no andaba errado. Corrían los primeros años de la década de los noventa del siglo pasado cuando se iniciaron los trabajos de redacción del Plan General de Ordenación Urbana de San Miguel. Fue entonces cuando se levantaron de nuevo las únicas y escasas voces que ya habíamos reclamado la protección de la Sierra de Escalona unos años atrás, durante la elaboración de las Normas Subsidiarias de Planeamiento.

La apelación al “bosque” de la sierra, como identificador ante la población de ese valioso y desconocido espacio natural, llevó a una persona muy cercana al gobierno municipal a pronunciar una frase que ha quedado en la memoria de quienes razonábamos en defensa de Escalona como la quintaesencia del atrevimiento de la ignorancia: “¿Bosque? ¡Bosques los de Cuenca!”, se atrevió a decir aquella mujer en un arrebato de incapacidad argumentativa para desacreditar los valores de nuestra sierra.

No quiero ni imaginar lo que saldría por su boca veinte años después si me oye decir que las lomas de yesos de San Miguel tienen más importancia que un bosque de hayas, por utilizar la misma comparación que empleó recientemente un erudito botánico durante una salida organizada por Amig@s de Sierra Escalona.

Helianthemun squamatum (Jarilla escamosa) y Teucrium libanitis (Zamarrilla), dos especies enamoradas de los yesos

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