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En los meses previos a las últimas elecciones municipales, en una asamblea abierta, más de cuarenta personas, reunidas en la Casa de Cultura bajo el nombre de Ganemos San Miguel, trabajamos un documento titulado «Principios de ética política de los representantes públicos de Ganemos San Miguel». En él se recogían aquellos comportamientos que las concejalas y concejales de la nueva plataforma política en ciernes debían mantener en el ejercicio de sus funciones en el seno de la administración municipal una vez elegidos. Comportamientos que pretendíamos estimular con el ejemplo para que se extendieran al resto de la Corporación. Había entre dichos principios éticos dos que merecen ser destacados por las importancia de los mismos: «Hacer públicas las agendas de los representantes, para hacer visible con quiénes se reúnen y los temas que tratan» y «Rendir cuentas periódicamente de sus actuaciones ante la ciudadanía, mediante instrumentos presenciales y virtuales, asamblearios, democráticos y abiertos a todos». Seguir leyendo »

Entrevista sobre SEGURA realizada por Emilio Tomás García, de Taller de Prensa, en el programa literario “El Dinosaurio” de Radio Pinatar.

 

CAMINOS QUE SE CRUZAN

El pasado viernes conocí en persona a dos personajes de mi novela Segura, dos hermanas, y fue emocionante. Asistía a una reunión con gente preocupada por la gestión del agua en la cuenca del Segura. Como veníamos de distintos lugares y muchos no nos conocíamos, lo primero que hicimos fue una ronda de presentación. No advertí nada cuando habló la primera de ellas, pero cuando le tocó el turno a la segunda y dijo su nombre, añadiendo que era hermana de la otra mujer, supe que eran ellas; aun así, para asegurarme, busqué en el móvil la escena en la que aparecen y lo corroboré:

«—¿Alejo López?

La voz sonó a nuestra espalda. Ambos nos volvimos. Frente a nosotros, dos hermosas muchachas, pelo rubio una, moreno la otra, miraban a Alejo. Seguir leyendo »

«SEGURA» ES EMOCIÓN

Firma de ejemplares de “Segura” en el Malecón del Soto (Rojales)

Que una lectora de Segura te haga saber que lo único que ha hecho durante el fin de semana es comer, dormir, ir al baño y leer la novela, solo indica una cosa: que atrapa desde la primera página. La lectura de un buen libro de ficción despierta emociones, diversas, como diversos son los lectores, y permanecer enganchado a cada una de las páginas depende de lo estimulante que resulte la historia, y el principal estímulo son las emociones que provoca.

Lo curioso es que esas emociones comiencen a aflorar cuando el manuscrito todavía no es más que una posibilidad. Y eso ha ocurrido con «Segura». Cuando solo era una idea y me entrevistaba con algunos de los protagonistas de aquellos años convulsos en los que las aguas del río bajaban muertas de contaminación y sembraban muerte con su riego, las emociones afloraban ante la posibilidad de que una ficción hablara de aquella parte de su vida, vivida desde la intensidad de una lucha colectiva en defensa de la descontaminación del Segura. Seguir leyendo »

Foto y texto tomados del blog bienvepaz.wordpress.com, de Bienvenida Campillo, madre de acogida de Koría. Montaje del autor

 

Este primer viernes de abril volví por segunda vez al Casino de Torrevieja para presentar un libro. La primera fue cinco años atrás con el poemario Melankoría, un libro solidario con el que concienciar y difundir el caso de la joven Elkouria Badbad, secuestrada por su propia familia biológica durante una visita a los Campamentos de Refugiados Saharauis de Tinduf, en Argelia, en los primeros días de 2011. Este pasado viernes, mis primeras palabras fueron para recordar aquel libro y su significado, para recordar que Koría continúa secuestrada seis años después, para recordar que nos preocupa su situación, que no la olvidamos y que seguimos exigiéndole al gobierno del Frente Polisario su libertad para que pueda decidir qué hacer con su vida. Seguir leyendo »

Fotografía del fotolibro “Vera y Victoria”, de la fotógrafa murciana Mar Sáez

Recuerdo que cuando era niño, las personas con gafas de «culo de vaso» me producían una cierta aversión. Me sentía intranquilo en su presencia, aunque fuera cogido de la mano de mi madre. Aquellos ojos al otro lado de las gruesas lentes me resultaban una rareza, y por extensión me resultaban «raras» las personas a las que la necesidad les obligaba a llevarlas. A medida que fui creciendo y entendiendo, la aversión fue desapareciendo, pero la sensación de intranquilidad permaneció, a pesar de saber que esa era una más de las muchas diferencias que nos hacen iguales en la diversidad. Hasta que conocí a un chico que llevaba ese tipo de gafas, hasta que hablé con él; a partir de ese momento la intranquilidad desapareció, y lo que la razón comprendía, el corazón lo entendió. Con el tiempo llegamos a ser buenos amigos. Seguir leyendo »